domingo, 19 de febrero de 2012

Madriz, ni contigo, ni sin ti

La ciudad de mi infancia, de parte de mi adolescencia y de mi vida adulta. Madrid, Madrí, Madriz. Tres nombres para una ciudad de locos que mis pies no podrían recorrer de punta a punta en tres horas, ni siquiera corriendo. Tan famosa por su cielo mesetario como por su boina de contaminación, con una centenaria reputación fiestera y acogedora, pero tan hostil, fría y agresiva como la mayoría de metrópolis de la Aldea Global, con una identidad que consiste, en gran medida, en no tener identidad propia, en ser sólo un cruce de caminos donde, con el paso de décadas, se han instalado castellan@s del sur y del norte, andaluces, galleg@s, asturian@s y, en última instancia, magrebíes, latinoamerican@s, ruman@s, búlgar@s...

No tengo ni treinta años, pero el Madrid de 2012 no es el que yo he conocido. Yo conocí un Madrid que no tenía torres gargantuescas en la Castellana, pero sí dos cines más en la Gran Vía, el Rex y el Palacio de la Música (hoy día, fagocitado por Zara), donde vi más de una y de dos películas. Aún no estaban creciendo, desde luego, esos nuevos edificios que lo están haciendo ahora y otros ya consolidados tampoco existían, así que podíamos ver mejor el resto de la ciudad y, aunque much@s no supiéramos valorarlo, veíamos mucho más fácilmente la Sierra, esa sierra de Guadarrama sin la cual la ciudadela de Mayrit nunca habría sido necesaria y que da un respiro a la vista de cualquier urbanita, gato o no. Los cines alrededor de Callao tenían carteles pintados a brocha, no videopantallas, y el "Teatro Häagen-Dazs" (¿qué drama escribió tan insigne heladero?) se llamaba Calderón de la Barca, la Sala de conciertos Marco Aldany aún era la Sala Arena y, en vez de un Bershka, lo que había en ese local de Gran Vía que casi hace esquina con Montera era Madrid Rock. La calle Fuencarral no era tan cool -en general, ese espíritu guay-consumista que extiende sus tentáculos desde ahí al resto de Chueca y, en general, del centro aún estaba en fase benigna- y me atrevería a decir que todos los barrios que no eran céntricos tenían peor reputación que ahora y la vida en ellos, en Madrid, en España, tenía mejores precios. La invasión de Starbucks y empresas de Inditex no había comenzado y se podía pensar que las redes de metro y cercanías, además de aumentar el número de sus estaciones, adquirirían un trazado más ajustado a la ciudad, precios más públicos y que no acabarían llenos de seguratas con armas de fuego. Había entonces menos plazas duras (ni siquiera Tirso de Molina era una de ellas) y no parecían estar privatizando el Canal de Isabel II ni el Servicio Madrileño de Salud. Había vides junto a las antiguas vías de tren al este de Pirámides, descampados en el Pinar (de Chamartín) y Sanchinarro ni siquiera existía. Ni siquiera amenazaban con soterrar las vías de Chamartín para construir una macrourbanización, ni un embalse en la Sierra Norte.
Tampoco se hablaba, que yo sepa, de justificarse en base a la aglomeración de la villa para un aeropuerto en Ciudad Real ("Madrid Sur" fue un nombre con el que se especuló), otro en Segovia ("Cantimpalos - Madrid Norte" les tocaba) y un tercero en el extremo suroeste, en El Álamo. Estaba ya empezada, pero no concluida, la suburbialización de nuestras cárceles para mayores (Estremera, Aranjuez, Soto del Real, Navalcarnero, Valdemoro y Alcalá-Meco) y menores (Azuqueca de Henares, Paracuellos del Jarama, Brea de Tajo, Guadarrama, Chinchón, Berzosa del Lozoya, Galapagar) y menos avanzada la especulación inmobiliaria paralela (Seseña y Azuqueca, Toledo y Guadalajara, ... ).

Todo esto no es un llanto nostálgico. Aquel era un Madrid y este, otro. Qué quedará de Madrid la próxima vez que vuelva... es una incógnita. Que volveré, una y otra vez, es algo tan seguro como puede serlo algo que depende de un ser humano.
Madrid surgió del criterio del Poder de su época y el criterio de los sucesivos poderes ha hecho de ella lo que es: ciudad ampliada, saneada, reformada, ampliada ad nauseam (más de un 800% desde mediados del siglo XIX a los del siglo XX), bombardeada por las fuerzas más reaccionarias y por la especulación más liberal. Felizmente, a medida que se fue llenando de personas, también se fue llenando de humanidad, de movimiento, de ilusión, de lucha, de belleza. Puede que ese Madrid no haya sido tan visible como el otro, el del mucho ruido y las pocas nueces, pero ha existido e incluso existe.
Sueño con ese Madrid desbordándose como esas raíces de árboles que levantan el pavimento. Lo sueño como una riada humana manando de la Prospe y Lavapiés, Carabanchel y Hortaleza, Vallekas y Tetuán... las nuevas tribus de gatos, autoproclamados sus propi@s salvadores, convirtiendo las sucursales bancarias en centros sociales y las ETTs en nuevas viviendas mientras las plantas trepadoras recubren el Hotel América. No habrá ni un monocultivo en los huertos que ocuparán las ruinas de la Torre Picasso y del complejo "4 Torres" y que se extenderán por los márgenes de Príncipe de Vergara, Princesa y la Castellana, y ni un motivo para perderse el cielo estrellado en las azoteas de Chamartín o Chamberí.
Habrá picnics en el bosque que ahora es el Palacio de la Zarzuela y parejas retozando en el Palacio Real y, en Las Ventas, espectáculos incruentos que serán tan gratuitos como todo lo demás. Cuando vayan a la Dehesa de la villa, a ver el atardecer o lo que más les plazca, nadie dudará de por qué Bellas Vistas se llama así, como nadie querrá que el Rastro vuelva a merecer tal nombre y quién sabe si, en febrero, no se oirán desde el paseo de Extremadura los aullidos de los lobos en la pradera de San Isidro.

domingo, 12 de febrero de 2012

Humano

La foto que acompaña esta entrada es conocida para cualquiera que se haya interesado por Friedrich Nietzsche: dos filósofos entrados en la treintena, Paul Rée y el propio F. N., posan en actitud de irónica sumisión con Lou Salomé, una brillante jovencita de apenas 20 años.
Ambos deseaban a Salomé y ambos tuvieron su interés y su compañía intelectual... y, de cuanto deseaban más allá de esto, nada. Rée, que se mantuvo cerca de ella veinte años más, cocinó su desencanto a fuego lento durante todo ese tiempo. Unos años después, ella conocería a otro hombre (Friedrich Carl Andreas), un orientalista considerado reservado y carente de atractivo físico, que se clavaría una navaja en el pecho por no tener aún su amor, consiguiendo que ella aceptara casarse con él a cambio de no consumar nunca el matrimonio.
Dicen -Salomé, entre otr@s- que fue este (grotesco) emparejamiento lo que puso a Paul Rée en la pendiente que le llevaría, años después, a quitarse la vida allí donde Lou von Salomé le había rechazado, veinte años después. Es posible que Rée sólo se matara por accidente en una de muchas peligrosas travesías por la montaña.
En cuanto a Nietzsche, que asumió la derrota en cuanto se la encontró, emprendió poco después la escritura de Así habló Zaratustra, intentando volcarse en ese trabajo y superar el desamor. Al respecto, escribió en una carta -dirigida, precisamente, a Rée- esta humanísima frase:
Si no encuentro la piedra filosofal para convertir esta mierda en oro, estoy perdido.

domingo, 5 de febrero de 2012

Del cuerpo y otros tabúes

Existen, en torno a nuestros cuerpos, una serie de tabúes. Quizá el más evidente, cuando se trata de hablar del tema -y el que más va camino de desaparecer, por estas latitudes- sea el sexual, pero no el único.
El del pudor en torno a la desnudez, total o parcial, también existe y es interesante (además de exasperante) ver cómo el debate en torno al hijab, al niqab y al burqa, que pedían a gritos ser debates sobre el pudor y su esterilidad, independientemente de la forma que el dichoso pudor toma en cada cultura, se han convertido en estériles debates sobre integración cultural, multiculturalidad y la posibilidad de liberar por decreto, en este caso, a las mujeres de determinadas culturas (y subculturas).
También persiste el tabú en torno al envejecimiento, la enfermedad y la muerte, no sea que tengamos que asumir abiertamente semejantes disgustos: de un lado, que somos vulnerables y perecederos y que nuestra belleza lo es aún más; del otro, que probablemente nunca tengamos una segunda oportunidad y, como dice la canción, el viento se nos llevará... y el mundo, ingrato escenario, seguirá girando.
A un nivel incluso más básico está la escatología y todo el tema de nuestras secreciones. Oh, sí, "las guapas también se tiran pedos", como decían Violadores del Verso, el galán más seductor lo es un poco menos sentado en un WC con los calzoncillos por los tobillos, los genios de las artes y las ciencias tienen esa cara (y esos mocos) cuando estornudan, etcétera, etcétera. No hay drama en ello, todo lo más, cierta conveniencia de papel higiénico o de abrir un poco la ventana.
Existe, no obstante, más allá de la religión -esa gran odiadora del cuerpo y de todo lo "profano", lo anterior a ella- la idea de que nuestros residuos nos quitan algo de cuanto hay de sublime o admirable en nosotros. En nuestra cultura, me temo, es más fácil perder carisma ante l@s otr@s rascándose el trasero que comportándose como un ser perfectamente educado-a-la-par-que-mezquino; a menudo, lo inocuo es peor que lo inicuo.
Y sólo así se llega a la paradoja del humor escatológico, a saber: su carácter infantil. Este tipo de humor se considera pueril, es el niño que llevamos dentro quien se ríe escuchando canciones, gags y chistes con mil y una figuras literarias en torno a la mierda... y lo hace como se ríe uno de lo transgresor (sí, sí, la tetralogía "caca, culo, pedo, pis"), pero es que, a esa edad, eso es transgresor. Para un adulto, Ricky Gervais o Jon Lajoie haciendo humor sobre Ana Frank resultan el colmo de la transgresión, arrancan una carcajada de incredulidad ("¿¡ha dicho lo que ha dicho!!??"), pero es un tabú que sólo los adultos entienden. La transgresión en torno a la escatología es un tipo que todo el mundo entiende, a partir de un tabú que todo el mundo conoce, y esto es así porque las excrecencias son algo que tod@s vivimos, incluso l@s niñ@s, incluso aquell@s que no tienen edad para hablar... porque nuestras funciones biológicas son, curiosamente, aquello que tenemos tod@s en común, incluso quienes no tienen aquellas capacidades cognitivas y lingüísticas que, solemos considerar, nos definen como especie (es el caso de los bebés o l@s adult@s en coma irreversible). Resulta que lo que tenemos en común los seres humanos es nuestra naturaleza animal: ¡dejemos caer nuestros monóculos, escandalizad@s, llevémonos las manos a la cabeza!
Esa es la paradoja del humor escatológico: que es infantil porque nuestra cultura tiene una relación con nuestros cuerpos que se puede calificar claramente de "infantil", a condición de entender este adjetivo en el peor sentido, como "inmaduro", y no en un sentido más neutro.
Así pues, aprovechamos toda esta observación para reivindicar un poema, que conocimos hace poco, del argentino Baldomero Fernández Moreno (1886-1950) y que encontramos, en este sentido, interesantísimo, además de bien divertido:

Soneto a tus vísceras


Harto ya de alabar tu piel dorada,
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.
Canto a tu masa intestinal rosada
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.

Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.

Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos...
Yo soy un sapo negro con dos alas.

martes, 31 de enero de 2012

Hambre y sed de ternura

Hay una idea que se pasea por mi cabeza desde hace quizá uno o varios años, cuando vi un fragmento de entrevista a Jacques Brel, y lo curioso es que no se trata de algo que él dijera, sino algo sobre dos conceptos fundamentales de los que hablaba: amor y ternura.
La diferenciación que ha echado raíz en mí -y que ha resultado no ser del maestro, ahora que he vuelto tras mis pasos, aunque él me diera la semilla- es que el amor es un sentimiento y la ternura, una actitud. La diferencia no es banal, porque lo que un@ siente, sólo esa persona lo sabe y, si intentamos compartirlo y transmitirlo, es, precisamente, mediante acciones y actitudes: "Obras son amores y no buenas razones", como reza el dicho popular (no olvidemos: "razones" se usaba a menudo, en siglos pasados, para referirse a "palabras" o "frases").

Por desgracia, igual que las relaciones de amor suelen crear más problemas que las personas que las viven y los sentimientos que les unen, el amor, en tanto que fenómeno (presuntamente) sentido y explicitado no está, a menudo, a la altura de la ternura. Sobrevalorado como Centro de la Existencia, maltratado como coartada para maltratadores/as ("... pero te quiero... ") y, lo que es peor, para maltratad@s ("... pero me quiere... ") o estéril cuando no encuentra correspondencia y cuando las neurosis de los hombres y mujeres crean problemas de la nada, el señor Amor no está a la altura de la dama Ternura, cuyas obras, aunque también pueden ser engañosas, como las palabras, no lo son tan fácilmente -nos atrevemos a afirmar, sin poder demostrarlo a ciencia cierta-. Además, el cuerpo tiene su propia memoria, donde nunca hay lugar para el dolor y siempre para el placer.

Seamos sincer@s: dos pares de ojos que se miran dulcemente, dos personas que sostienen un diálogo (de minutos o de decenios) en la lengua de la ternura no necesitan saber si la otra le ama como se amaban sus padres, o como lo hacían Bonnie y Clyde, o como Samuel Beckett y Suzanne Déchevaux-Dumesnil, o como Brassens y Joha Heiman, si el encuentro durará una noche o una vida, si la profundidad de la conexión surgida va más allá de la confianza que pide la intimidad (¿en qué escala, además?)...
Más que saber nada de eso, más que ponerle nombres o etiquetas a lo que sentimos, más que saber si coinciden al 100%, al 61 o al 37'285, me atrevo a proponer a l@s demás aquello que veo en mí mismo: lo que deseamos -y quizá necesitamos- es ser tratados tiernamente. Más allá de todos los miedos, todas las inseguridades o toda la vulnerabilidad que podamos sentir, más allá de lo que pueda ocurrir mañana, algo brota cuando vemos una de esas personas tan especiales, cuando pensamos en ella o, simplemente, la sentimos. Más allá de todo eso, de lo que se trata es de mis manos bajo tu ropa y las tuyas bajo la mía.

jueves, 26 de enero de 2012

Y ¿entonces... ? (Una autoaclaración)

Al autor de este cuaderno virtual se le nota que oscila entre varios extremos, que intenta ser dos o tres tipos de persona a la vez y sólo el tiempo dirá si ello es posible al 100% o, al menos, si es posible grosso modo.
Por un lado, está el conocimiento, el análisis, la razón. La tendencia a -y el deseo de- seguir acumulando conocimientos, relacionándolos, entender cada vez mejor este mundo (tanto como se puede entender algo tan vasto y azaroso) y desarrollar un análisis cada vez más agudo y fructífero.
Por el otro, el de actuar y disfrutar haciéndolo, tocar el mundo y moverse por él sin bloqueos, sobre todo, sin bloqueos internos. La espontaneidad parece ayudar a hacerlo, mientras que la razón parece invocar a menudo una jauría de datos que ladran la importancia de tenerles en cuenta antes de hacer eso, lo que quiera que sea, creando una cacofonía que a veces paraliza tanto como ayuda a tomar una decisión fundada, otras lo hace incluso más.
Last but not least, está el otro conocimiento, el que no es inocuo, como decía en la última entrada. La memoria, que no sólo recuerda hechos menos elaborados, sino vivencias cuya fuerza está en lo emocional. Vivencias que, en tanto que hechos, piden ser gestionadas y tomadas en cuenta como datos a la hora de tomar decisiones, pero que no siempre ayudan a tomar la mejor decisión, dado que también piden saltar de entusiasmo, prender fuego a las cuatro esquinas del mundo, lamentarse sin llegar a ninguna parte o lanzarse a imprudencias estériles. A cierto nivel, "el corazón" no tiene ni recuerdos, puede pretender lanzarnos lo mismo a la esperanza que a la desesperación, esas dos odiosas caras de aquella moneda que es el pretender vivir en futuro y no en presente y puede pretenderlo una, dos o quince veces, obviando las consecuencias de intentos anteriores.

El tipo de persona que intenta ser el autor de estas líneas, el que de alguna manera se dibuja detrás de todos estos textos y algún que otro vídeo, es uno que mal que bien -o, mejor aún, bien a secas- habrá encontrado un equilibrio en medio de todo esto. Alguien que pensará, recordará y analizará sin caer en la neurosis paralizante; alguien que será cada vez un poco más capaz (en sus conocimientos, en sus destrezas físicas, en los idiomas que habla, en... ) sin convertir la autoexigencia necesaria en otra neurosis; alguien que hará lo que quiera tanto como le sea materialmente posible sin apresurarse a ello si esto último implica cerrarse demasiadas alternativas, que improvisará cayendo en el chapucismo lo mínimo posible.
En eso andamos. Andar ese sendero sin pisar a los demás es el programa de mi revolución personal, es el sendero de mi viaje interior.

sábado, 21 de enero de 2012

En medio de los recuerdos y el futuro

Cuando uno no tiene ganas de escribir sobre el mundo, pero tampoco de dejar de escribir, acaba por escribir sobre sí mismo... aunque ya hace días que escribí esto, es un tipo de texto que quizá diga algo a alguien. Lo bastante personal para que hable de mí mismo en primera persona del singular (¡horror!), pero no tan mío como para que sólo pueda ser mío, espero. Me limitaré a meter el mensaje en la botella y lo que ocurra después, sólo el mar lo sabe...

Los pensamientos negativos se me echan encima como una turba de linchamiento y no tengo claro en qué orden han empezado a golpearme.
Reincorporarse al trabajo, sentirse perseguido por plazos y horas-límites, preguntarse si existe algún santuario donde uno esté –o pueda estar– a salvo de tan odiosos enemigos, preguntarse si no está uno siendo infantil al vivir esto de manera tan problemática, añorar la infancia (por, y casi exclusivamente por) la sensación de habitar un tiempo sin tiempo, un eterno presente, recordar que (gracias, capitalismo) ni la vida de uno es de uno y hay que ganársela: en este mundo, “hay que ganarse la vida” y, a ser posible, jubilarse antes de morir. Mejor si no es inmediatamente antes de morir. Lo tengo presente, ayer mismo doné varios kilos de ropa de alguien que no la necesita porque hace cosa de tres años que trascendió la materia, por desgracia. Lo tengo muy presente, en pocos días han vuelto a pasar por mi vida esas prendas, así como un informe que me recuerda los aspectos más tristes de sus últimos días o las canciones que sonaban en mi reproductor mp3 mientras vaciábamos su piso… a lo mejor el problema es recordar. No recordar cuánto duró el asedio de Stalingrado, ni el nombre de Gavrilo Princip, ni en qué combate entre Francia y España se batió Cyrano de Bergerac, esos son recuerdos inocuos… el problema es rememorar lo otro, lo que descoloca y puede hacer daño. Lo que, cuando el dolor no tiene forma concreta, te hace preguntarte “¿No será esto…?” sin llegar a conocer la respuesta.
“Algunos recuerdos merecen un futuro” canta Xhelazz con Kase.O y Jazz Magnetism y no puedo estar más de acuerdo. He estado escuchando otros discos, discos que escuché mucho hace ahora un par de años. Mi estúpida memoria vuelve a jugármela, me retrotrae a aquellos días y, en concreto, a sus buenos recuerdos, no consigo acordarme de nada malo (pese a que tuvo que haberlo). Mi cuerpo y mi psique, mi ser todo, aúllan de hambre, pero yo aún estoy intentando darles el futuro que quieren, no es tan fácil, intento hacerles entender que el pasado, el presente y el futuro no son lo mismo y no es tan fácil. Que el presente es sólo la baldosa que uno pisa en este momento y, en comparación, todo el recorrido que uno tiene detrás y el que imagina/teme/espera/intuye por delante abultan mucho, demasiado.
Para colmo, me siento frágil en un mundo frágil. No estamos en 1914 ni 1939, pero el hatajo de imbéciles e irresponsables que dirigen lo colectivo están jugando con la posibilidad de una tercera guerra mundial. No porque la deseen, sólo porque creen poder justificar sus cargos y honorarios presionando al otro cada día un poco más, a ver qué frutos recogen. Se sobrentiende que, aunque hablen constantemente de defenderse y presionen a quien podría temer su ataque, no tienen intención de disparar primero. Olvidan que, cuando la presión ha subido lo bastante, cualquier fisura basta para que todo estalle. Cualquier médico forense sabe que el orificio de entrada de un disparo en un cráneo nunca es tan grande como el de salida. Si 1914 tuvo su Gavrilo Princip para justificar una carnicería de más de 8 millones de muertos y 1939 sus soldados alemanes disfrazados de polacos, no quiero saber cuál puede ser el primer disparo que convierta nuestro mundo en un erial. No sé si ocurrirá o no y, de ocurrir, si será en Siria, Irán o Pakistán, no, no, no me interesa, casi me tienta más tumbarme en un rincón, taparme hasta la cabeza y cantarme yo solito una nana..
Tal vez es sólo que hay días así. Le pediría esa nana a Keny Arkana o a cualquiera capaz de emocionarme así, porque hace 15 días estaba escuchando a Brassens cantar Le bleu des bleuets y se me hizo un nudo en el pecho que no puedo explicar racionalmente, qué sé yo sobre nada. Lo que suena en mi cabeza, sin consuelo ni desesperación, es la voz grave de Hovik Keuchkerian recitándose ante su público:
Soy cada uno de los lugares en los que he estado. Soy los caminos que me quedan por recorrer. Soy los puentes que dinamito cuando me marcho… que, si tengo que volver, ya volveré por otro lado. Soy un sueño en el que tengo una pesadilla por no poder soñar. Soy lo que me hace llorar y, cuando lloro, soy yo cada una de mis lágrimas. Soy los espasmos de una polla sin agujero. Soy la gangrena en unos pezones de miel. Soy la tristeza de una paja a oscuras. Soy una muñeca hinchable buscando un alfiler. Soy el cartel de “Aforo completo” de un tanatorio. Soy la resaca de un abstemio de besos. Soy la lluvia… y soy el charco. Soy la necesidad de que, algún día, el amor mueva el mundo. Soy los sentimientos que os he arrancado esta noche.

lunes, 16 de enero de 2012

Últimos cambios

Este cuaderno de bitácora ha cumplido su primer año estas navidades e, inevitablemente, Mr. Brown ha hecho balance de la experiencia. Es un balance positivo, aunque con matices: algunas personas parecen leerlo con asiduidad y un número aún mayor lo visitan alguna vez, sin que podamos saber si vuelven a hacerlo. Lo aproximado de esta impresión viene porque los comentarios (por escrito o de viva voz, en el caso de aquellos a quienes veo, poco o mucho), mensajes o cualquier otro tipo de feedback son escasos, aunque van ocurriendo, así que no estoy seguro de qué significa esto para quienes estáis al otro lado, pero algo sí parece aportaros -en la misma medida en que pasáis por aquí, de manera frecuente o puntual- y a Mr. Brown le sirve para lo que pretendía, en cuanto a sí mismo: abordar aquellos temas que le parecen importantes, publicar textos preexistentes y pulir su prosa.
En general, no es poco, así que aquí seguimos. Como esta pequeña sesión de prosa cada cinco días es de las cosas que nos exigen cierta autodisciplina y organización del tiempo, corazón mismo de nuestros problemas, nuestro jihad al-aqbar (gran esfuerzo), el resultado de esta lucha contra uno mismo determinará el futuro del blog. Quizá sea una de las bases de una vida más ordenada y subsista; quizá la lucha acabe en derrota y, en ese caso, quien esto escribe podría dejar Blogger cuando acabe 2012 y empezar a trabajar en ideas que tiene aparcadas desde hace años (y que serían publicadas en papel, en su momento); quizá haya derrota, pero sólo nos limitemos a espaciar más las entradas (una a la semana o una cada diez días o ... ).

Aprovechamos la onomástica para sustituir esa fastidiosa barra de vídeo de Blogger por una columnita de "Enlace a vídeos recomendados", que ocupa menos y cumple la misma función.
Para reestrenarla, nada como el conmovedor vídeo donde la palestina Rafeef Ziadah recita la lección de resistencia que su pueblo da al mundo cada día y otro al documental sobre la matanza que la Policía Armada española, entonces bajo el mando de Manuel Fraga como ministro de Gobernación, hizo en Gasteiz/Vitoria y que costó la vida a cinco trabajadores, heridas a decenas más y que supuso el principio del fin del que quizá fue el mayor proceso de huelga y movilización que viviera ninguna ciudad de la geografía de este Estado.
En la misma línea, aprovechamos para recomendar otros enlaces que muestran el curriculum de criminal impune de Manuel Fraga Iribarne, los otros asesinatos, atentados y agresiones que los funcionarios bajo su mando cometieron entre el 12-XII-75 y el 23-VII-76, bien con su silencio cómplice, bien con su apoyo.