martes, 21 de julio de 2015

Catorce años y un día

Parece increíble que hayan pasado ya catorce años desde la muerte de Carlo Giuliani en Génova, catorce años y un día, como una condena. Y catorce años desde el asalto a la Escuela Díaz.
Nosotr@s, que tuvimos por comadrona a la desindustrialización, que fuimos bautizad@s por los GAL con pasotismo en vez de agua bendita mientras quemaban heroína en los incensarios, entre los gritos de los estibadores en lucha. Nosotr@s, que hicimos la comunión en centros sociales okupados bajo la protección de nuestros hermanos insumisos y antifascistas. Nosotr@s nos confirmamos aquel verano de 2001 comiendo el cuerpo de Carlo y bebiendo su sangre en cálices de plástico.
Recuerdo que el Poder no tocó el órgano: puso por música los gritos policiales de la Díaz, el crujir de costillas y extremidades de nuestr@s compañer@s, sus dientes rotos, los electroencefalogramas monitorizando cerebros en coma, las sirenas, los sollozos de terror. Yo iba a cumplir 18 años, Carlo era mayor, tenía 23. Ahora yo soy el mayor de los dos: voy para 32 y Carlo sigue teniendo 23, eternamente 23. El Enemigo congela a l@s muert@s en el tiempo y convierte su inmortalidad en la prueba de que el tiempo pasa.
Bien, pues no nos hemos rendido, no hemos dejado que la amargura ni el odio nos consuman, ni nos hemos ablandado. Seguimos aquí y vamos a por todas. Tomad nota, porque vamos tan en serio que vamos a desmontar todo este tinglado sin guillotinas, sin paredones, sin linchamientos. Llevamos en la sangre las caras y nombres de nuestr@s muert@s, nuestr@s suicidad@s, nuestr@s deprimid@s y no recuperad@s. Tomad nota porque, por tod@s ell@s, estamos tan viv@s y llen@s de vida que lo peor que haremos con vuestras cabezas es llenarlas de asombro.

jueves, 11 de junio de 2015

Nuestros desaparecidos

La conflictividad armada en la España de finales del franquismo y de la llamada «transición» está muy lejos de la violencia extrema del franquismo de posguerra e incluso de la que se vivió, más o menos en los mismos años de nuestra transición, en un país como Argentina. Y, pese al nivel de violencia, y a que no fuera bilateral, el número de personas desaparecidas está muy por debajo de los miles de Argentina o de las más de cien mil de la España del primer franquismo.
No obstante, hasta nueve personas desaparicieron en puntos del País Vasco francés cercanos a la frontera española, entre 1973 y 1983, por causas que, según el caso, están o podrían estar relacionadas con la política española.
¿Hablamos de desaparecidas políticas? En los dos últimos casos (José Antonio Lasa Arostegi y José Ignacio Zabala Artano, en octubre del 83) es seguro que sí, como es seguro que la autoría del crimen fue estatal.
En los otros siete, ni una ni otra cosa son seguras, pero la motivación política parece probable y el olvido de las víctimas nunca es una opción.

Las tres primeras son las de José Humberto Fouz Escobero, Jorge Juan García Carneiro y Fernando Quiroga Veiga, tres jóvenes trabajadores gallegos emigrados a Euskal Herriak. Se les pierde la pista el 24-III-73 y, desde entonces, es como si se los hubiera tragado la tierra. El ex-etarra arrepentido Juan Manuel Soares Gamboa y el agente secreto español conocido como Lobo o Mikel Lejarza aseguran haber oído a etarras hablar de la muerte de aquellos jóvenes, de quienes se habría sospechado que pudieran ser policías españoles después de coincidir en un bar de música. Hay versiones distintas: según una, un primero habría muerto por las heridas recibidas en una pelea en el bar y su cuerpo habría sido despeñado por un acantilado; luego, sus dos acompañantes habrían sido llevados a un lugar donde se les habría interrogado (torturas incluidas) antes de matarles. Según la otra versión, esto último habría ocurrido con los tres.
De quienes podrían desmentir o confirmar esto, Tomás Pérez Revilla fue asesinado por los GAL once años después y ninguno de los demás ha querido hablar. 


A mitad del marco temporal que nos ocupa, los policías Jesús María González Ituero y José Luis (o Jesús, según la versión) Martínez Martínez estuvieron desaparecidos desde el 4-IV-76 hasta el 18-IV-77, en que fueron hallados sus cadáveres en la paradójicamente llamada playa de la Chambre d'Amour, en Angelu. Tenían uno y dos orificios de bala y mutilaciones en los dedos (desconocemos si podría tratarse de señales de tortura, como se afirma desde algunos medios de comunicación).




 Por último, intercalados en este marco, dos casos de nuevo sin cadáveres y con doble posibilidad de motivación política. Nos referimos a las de Eduardo Moreno Bergaretxe, alias Pertur, y José Miguel Etxeberria Álvarez, alias Naparra o Bakunin.

Pertur está considerado la principal cabeza pensante de ETA-(p-m), que dejaría las armas unos años después, y se le pierde la pista el 23-VII-76. A favor de la hipótesis paraestatal está el que su desaparición fuera reivindicada por el BVE (Batallón Vasco Español) y, sobre todo, la investigación del juez italiano Giovanni Salvi. Este investigó las conexiones de un sector del neofascismo italiano (Ordine Nuovo) con las autoridades italianas, españolas y chilenas y sospechaba que era Pertur la persona que, según los ultraderechistas Sergio Calore y Angelo Izzo, había sido drogada y secuestrada en Francia para ser entregada a la policía española, quien a su vez la interrogaría (de nuevo, torturas incluidas) en una masía de Barcelona, la asesinaría y haría desaparecer el cadáver. Calore apareció muerto, apalizado y degollado, en octubre de 2010; Izzo sólo sabía lo que le había contado Pierluigi Concutelli y este no ha dado datos más concretos que permitan localizar el cuerpo o avanzar en algún otro sentido.
Más aún, Marta Bergaretxe, la madre de Pertur, fue secuestrada precisamente a principios de abril del 76 por policías españoles cuando iba a cruzar la frontera para ver a su hijo. Decimos «secuestrada» porque ni se le acusó de nada, ni se la custodió en comisaría: se la encerró en el domicilio particular de Eduardo López Maturana, comisario de policía Irún, durante tres días. Hacía unos días que habían desaparecido los policías González Ituero y Martínez Martínez  y, a la vez, se agotaba el ultimátum dado por ETA-(p-m) a la familia del empresario Ángel Berazadi, al que habían secuestrado, para pagar el rescate pedido. Hubo quien dijo que con este movimiento inexplicado la policía intentaba llegar a Pertur para conseguir a Berazadi vivo y hubo quien dijo (concretamente, el abogado Maurice Abeberry y el diario Unidad; también reconoció que se había valorado esta posibilidad el subcomisario José Amedo) que se trataba de conseguir rescatar vivos a los policías desaparecidos. En cualquier caso, no consta que el servicio secreto hiciera ninguna investigación sobre el paradero de Pertur y parece que se limitaron a dar por buena la segunda hipótesis.
A favor de esta otra, a saber, la de que fueron compañeros suyos de ETA-(p-m) quienes le desaparecieron –más concretamente, Francisco Pakito Múgica y Miguel Ángel Apala Apalategi, miembros de los komando bereziak o comandos especiales de esa organización–, está el que estos ya le hubieran arrestado tres meses antes, en un contexto de tensiones por matar o no matar a Berazadi, e impedido así asistir a una reunión de la dirigencia de su organización. Su entonces pareja también asegura que Pertur vivió esos últimos meses entre sospechas por parte de sus propios compañeros y el consecuente malestar. Igualmente, uno de sus entonces compañeros, Juan José Gurrutxaga, asegura haber visto cómo, sorprendentemente, los líderes de los bereziak no mostraban interés por conocer el paradero de Moreno.

En el caso de Naparra, hablamos de un ex-miembro de los komando bereziak y miembro de los Comandos Autónomos Anticapitalistas,  y no de uno cualquiera. Si bien los CAA evitaron centralizaciones ejecutivas o ideológicas, sí designaron, por motivos prácticos, una persona que se ocupara de cuestiones logísticas como conseguir las armas. Esa persona, hasta su desaparición, hace hoy 35 años, fue Naparra. No obstante, fue precisa y probablemente esa responsabilidad lo que le puso en el disparadero; otra cosa es quién lo barrió de la faz de la tierra. La hipótesis etarra dice que miembros de ETA-(m), en competencia abierta con los CAA –competencia en la que los autónomos, de todos modos, iban perdiendo– querían golpear directamente  a los autónomos; en este sentido apunta el comunicado que los propios CAA emitieron al mes de la desaparición de Etxeberria y donde insinuaban que lo mismo podía haber pasado cuatro años antes con Pertur. Según algunas fuentes, además, Naparra se valía de contactos (¿algún traficante de armas? nunca se ha precisado) que también colaboraban con ETA-(m) y el día de su desaparición habría tenido una reunión con representantes de esta última organización a la que habría ido con la misma actitud de discusiones anteriores: no iba a renunciar a esos contactos y no iba a dejar parte de sus actividades para así reducir sus riesgos y comprometer menos a esos contactos.
La hipótesis paraestatal señala que aquel no sólo fue el momento de máxima actividad etarra, de los CAA, etc., también del entramado parapolicial que solía usar el nombre de BVE (aunque otras veces fuera AAA, OAMAS, etc.). Se suele pensar que toda la actividad de estos grupos iba contra ETA-(m) y organizaciones cercanas (HB y demás), pero hubo ataques contra locales y personas vinculados al PCE-(r), Joven Guardia Roja, CNT o ETA-(p-m) VIII asamblea, por citar sólo algunos. En el caso de los CAA, parece mucha casualidad que los GAL mataran el 1-III-84 a Jean-Pierre Leiba, trabajador de la SNCF (ferrocarriles franceses) sin adscripción política conocida, pero compañero de trabajo de Pedro Isart, Pelitxo (con quien podrían haberle confundido), activista de los CAA que supuestamente había participado en la muerte de Enrique Casas una semana antes y que sería asesinado junto a tres de sus compañeros tres semanas después en la bahía de Pasaia (cuádruple muerte por la que aún no ha habido juicio).

El sucesor de Naparra como proveedor de los CAA, por cierto, también habría figurado como objetivo de los GAL en sus primeros tiempos, sin haberse llegado a consumar este plan. Nos referimos a José Luis Salegi, Txipi, que seguiría huido el resto de su vida y que fuentes policiales resituaron varias veces en el disparadero a lo largo de la década de 1990 como el supuesto portavoz de los autónomos clandestinos y presos en sus supuestos contactos con ETA-(m) para unírseles, ya fuera en sus campañas de atentados o en un hipotético proceso de paz que aún no se consumaba. En las semanas que siguieron a la muerte del concejal vizcaíno Miguel Ángel Blanco a manos de ETA-(m), el 13-VII-97, un antiguo colaborador y dos miembros de comandos vizcaínos de ETA-(m) murieron (otro moriría en extrañas circunstancias dos años después) y J. L. Salegi desapareció en su exilio mexicano de Irapuato, para reaparecer muerto de un infarto dos días después.

lunes, 1 de junio de 2015

Hace unos días me desayuné con la noticia de la muerte de Federico Arcos.
No tiene sentido abundar en su biografía, otras páginas web cuentan más y quizá mejor sobre lo que fue su vida y su trayectoria militante. Una de esas vidas que inspiran envidia, no porque sean envidiables los avatares a los que se vio enfrentado, sino porque las actitudes que dejan ver y los valores que las inspiran son estimulantes y, aunque normalmente evite estos adjetivos, son admirables.
Hay dos cosas para mí más personales en esta historia. Una, quizá la menos relevante, es la implicación de Arcos en la intensa vida política y asociativa del barrio barcelonés del Clot en aquella década de 1930. Yo viví allí entre 2004 y 2006 y casi todo parecido con la década de 1930, allí incluso más que en muchos sitios, era pura coincidencia; yo mismo fui un buen ejemplo de ello, pues fue una de las épocas menos activistas de mi vida. El colmo de la deshonra, de todos modos, llegaría en 2012 al establecerse allí cierto local de extrema derecha de cuyo nombre no quiero acordarme.
La segunda es que, si recordaba el nombre de Arcos, es por la charla que dio Dolors Marín en el Encuentro del libro anarquista de 2013. Hablaba Dolors de la tenacidad de quienes luchaban desde el anarquismo en aquellos tiempos y el nombre de Federico Arcos surgió sobre todo por su gran implicación en el periódico Ruta, órgano de la federación catalana de las Juventudes Libertarias. Llegada la clandestinidad franquista, contaba Dolors Marín, de cada número de Ruta había dos ejemplares ya asignados: uno para el Jefe Superior de Policía, no fuera a hacerse ilusiones de haberles derrotado, y otra para una hemeroteca, que quedara para la posteridad. Dolors fue a ver a Arcos en Canadá, donde ha vivido los últimos sesenta y tres años de su vida, y le preguntó el por qué de esa constancia en esos dos ejemplares de Ruta tan asignados. Quizá con otras palabras, Arcos le respondió ¿Verdad que los encontraste? Para eso los dejamos. Para que los encontrases. Para que los encontraseis. Para el futuro, para que quedara constancia, para que la semilla -poco o mucho- germinara.
La vista que Arcos y demás quijotes de nuestra clase social, entre lo osado y lo ingenuo, tenían tan puesta en el futuro nos pone los ojos como platos, pero es admirable. Cómo no entender el título de aquel libro sobre las colectividades aragonesas de 1936-39, Trabajan para la eternidad. Cómo no querer ser parte de esa corriente que viene del pasado y se proyecta hacia el futuro, hacia el mismísimo horizonte.
En la imagen, Federico Arcos junto a la también mítica Luce Fabbri (1993).

martes, 12 de mayo de 2015

Veinte problemas en nuestro discurso

Quien más quien menos está acostumbrado a leer publicaciones cuya carga ideológica es distinta, o directamente contraria, a la de un@. Sea un periódico, un panfleto o una entrada en un blog, en general tenemos cierta capacidad de buscar sus puntos débiles y relativizar o invalidar lo que dice el otro... pero ¿estamos dispuest@s a evitar esos mismos problemas en nuestro discurso (y, por tanto, en nuestro discurrir) cuando seamos nosotr@s los que nos expresemos?
Nos hemos puesto a pensar en esto y, con la ayuda de otras gentes*, hemos dado con veinte problemas, más generales o más concretos, que nos convierten a veces en l@s populistas, manipuladores y demás que no queremos ser. Estoy hablando de cuatro problemas en cuanto a cómo se aborda la discrepancia y otros dieciséis más concretos, considerados falacias -argumentos inválidos-, en la tradición filosófica heredada de l@s clásic@s grecorroman@s o en consonancia con esa tradición. Concretamente, como aspectos generales:

· mala fe, ya sea por entender el debate como un enfrentamiento personal, por ser más exigente con l@s demás que con un@ mism@ o con quienes están más cerca, etc.
· argumentación emocional, ya sea en cuanto a los hechos presentados, a la manera de presentarlos, al criterio con que se eligen unos u otros... El miedo y la esperanza pueden ser buenos mecanismos para manipularnos (nota: no pretendemos negar la parte emocional del ser humano ni que pueda afectar a la racional, lo que negamos es la supuesta legimitidad del uso del poder de las emociones para escamotear o retorcer lo racional)
· mentalidad del «mal» como sustancia contaminante. Como detallaremos más adelante, esto se puede concretar de varias maneras: impugnar una idea por la persona que la propugna, hacerlo con una persona en función de algún aspecto de su vida privada, etc.
· de la mano de esto, la «externalización selectiva», esto es, que, una vez que un@ ya ha decidido quién/es  son l@s buen@s y quiénes l@s mal@s (por intuición, por un análisis global o por lo que sea) el criterio se vuelve distinto. A partir de ahí, l@s un@s sólo hacen algo malo por las circunstancias y algo bueno por naturaleza y l@s mal@s, al revés; a un@s les aceptamos que separen medios y fines, o palabras y acciones, ya  l@s otr@s, no; etc.

Como falacias más concretas:

· ad hominem -> para intentar invalidar lo que defiende alguien, le invalido a él o ella como persona.
· ad populum -> la idea de que algo es lógico porque lo hace todo el mundo. También se puede usar -y se usa- dada la vuelta, lo que podríamos llamar «falacia snob»: si parece minoritario o marginal, es acertado o merece algún tipo de aplauso. 
· apelar a la ignorancia (para ignorar objeciones) -> «no hay pruebas de lo contrario, luego es así». ¿Quién no ha visto defender posiciones de fe (religiosa, supersticiosa, new age) sembrando la duda sobre el método científico, para luego no hacerlo sobre la fe?
· argumentación dirigida a las consecuencias -> intento rechazar o afirmar un razonamiento aludiendo a consecuencias deseables o indeseables, pero que no lo hacen más ni menos lógico;
· autoridad irrelevante -> me apoyo en lo dicho o hecho por alguien sin tener en cuenta que el que sea una autoridad en algún aspecto no quiere decir que lo sea en lo demás; 
· ad antiquitatem -> casi una variante de lo anterior: digo que algo es defendible porque es antiguo, porque siempre se ha hecho así, ... Sostener, al contrario, que algo es cierto o merece apoyo sólo por ser nuevo no es menos ilógico (falacia ad novitatem);
· causa cuestionable -> pretendo que existe una relación causa-efecto entre dos hechos sólo porque han ocurrido consecutivamente o a la vez;
· deducción abusiva -> generalizo en cuanto a una persona-figura y a su discurso (si está de acuerdo con algo, se está de acuerdo con todo, etc.) ;
· efecto dominó -> (también llamada de la pendiente resbaladiza) doy por seguro, no como un mero riesgo, que la consecuencia de un acto tendrá, a su vez, otra(s) consecuencia(s) que en realidad no son seguras («quien rompe una ventana acabará matando a alguien si no se le castiga», «quien fuma porros acabará enganchado a la heroína», etc.) para acabar llegando de lo aceptable a lo inaceptable, o al contrario;
· el hombre de paja -> caricaturizo lo que dice el otr@ e impugno la caricatura y no lo que realmente ha postulado; · equívoco -> mezclo ideas utilizando las ambigüedades del lenguaje;
· falacia genética -> afirmo o niego el valor de un argumento en función de su origen (época, país del que procedería... puede ir fácilmente unida a la falacia ad hominem); 
· falso dilema o falsa dicotomía -> intento reducir el debate a dos posiciones -en ninguna de las cuales se sitúan mis oponentes- más allá de las cuales, supuestamente, no hay alternativa; 
· razonamiento circular -> dos proposiciones que son usadas cada una como base de la otra, pese a que no tienen ningún fundamento más allá del círculo que forman;
· reductio ad hitlerum -> busco alguna conexión entre el discurso del adversario, o su persona, incluso si es indirecto o superficial, para relacionarlo con Hitler, el nazismo -por este lado, sería un tipo reciente de falacia- o cualquier otra cosa que un@ considere el colmo del Mal (en el Occidente de los últimos setenta años, son el nazismo y la persona de Hitler);
· secundum quid -> generalizo, asignando lo que hacen algunas personas de un colectivo humano a todo ese colectivo (género, sector político, profesión, comunidad religiosa, étnica, ...).



* Esta entrada quizá no habría existido de no ser por el artículo [en francés] Empirer l'incompréhension. Alain Soral et les règles élémentaires du débat intellectuel, publicado por Frédéric Dufoing en Jibrile y no habría sido tan sencilla de escribir de no ser por (además de Dufoing) Ali Almossawi, que ha escrito y dibujado este estupendo Un libro ilustrado de malos argumentos y por María Corchero, que lo ha traducido al castellano.

martes, 31 de marzo de 2015

Impresiones de Montevideo

Si Uruguay tiene una imagen asociada, es la del paisito, la de un país pequeño, con características de pueblo a una escala mayor. Y, si algo transmite esa sensación, es la presencia del mate: lo que en Argentina, Paraguay o Rio Grande do Sul es un rito privado aquí, con la ayuda del omnipresente termo de agua caliente, es como un sempiterno biberón del que un@ nunca se desteta. En la calle, en el supermercado o en comisaría, en ninguna parte se interrumpen las mateadas, produciendo al extranjero la sensación de que todo el mundo está en su casa todo el tiempo.
Tal vez sea una cuestión de suerte, pero esa sensación de paisito también es alimentada por la hospitalidad con que he sido tratado por casi todo el mundo las dos veces que he visitado esta tierra.
Aparte de eso, Montevideo, pese a ser una gran ciudad (en torno a un millón y medio de habitantes), no es abrumadora: teniendo en cuenta las cantidades de casas bajas, edificios bajos y, en relativa escasez, edificios altos, parece mucho más desarrollada en horizontal que en vertical.
Veo lugares que recordaba, como la plaza Independencia, y otros que no había visto, como el bello Hospital Italiano o la plaza Matriz (oficialmente, «plaza Constitución») que, como buen visitante, me gusta, pero encuentro demasiado frecuentada por otr@s visitantes.
También paso por un barrio humilde, como es La Unión, y por Tres Cruces y Punta Carretas, sedes de la clase media montevideana. He tenido ocasión igualmente de pasar por la Ciudad Vieja, donde algunas localizaciones me llevan a Benedetti y La tregua (la c/ Brandzen, el cruce de Veinticinco con Misiones, donde no está el café de Santomé y Avellaneda y sí tres bancos y un ministerio) y de confirmar en Minas con 18 de julio que en Uruguay las pizzas sin queso son tan fáciles de encontrar como las otras.
Aquí también hay urbanismo del que rinde culto a dictadores (parque Gabriel Terra), pero he visto al menos dos pintadas y una pancarta en solidaridad con los detenidos en la «operación Pandora», una de ellas ante el bello edificio de la Universidad de la República.
No están en los nombres de las calles, pero en plena Unión, en la calle Rousseau, está la casa en que vivían los hermanos Moretti, Antonio y Vicente, anarquistas porteños más audaces que sensatos, que llevaron a cabo en la plaza Independencia, el 25-10-28, el atraco al Cambio Messina. Lo hicieron con tres españoles que habían llegado de Barcelona (Pedro Boadas Rivas, Agustín García Capdevila y Tadeo Peña) y, aunque desconozco el desarrollo de los hechos, el resultado fue una escabechina: hirieron de gravedad a dos transeúntes (hay quien habla de un tercer herido), mataron al propietario del cambio, mataron a un empleado y mataron al taxista que les había llevado. En poco más de una semana, la casa de la calle Rousseau sería asediada por doscientos o trescientos policías, según la versión, y todos caerían detenidos, salvo Antonio Moretti, que quemó el botín del atraco y se voló la cabeza. Miguel Arcángel Roscigno, que no había querido participar en aquello y lo había desaconsejado, tendría que poner tierra de por medio.
En un lugar algo más céntrico, Monte Caseros con el bulevar Artigas está el lugar donde mataron al comisario Pardeiro un 24-2-32. Otros fueron los condenados, pero es probable que los verdaderos responsables fueran Luis Armando Guidot y el novelesco Bruno Antonelli Dallabella, alias Faccia Brutta («cara fea») inmigrante italiano de la vecina argentina que, como otros paisanos suyos, tenía un pie en el anarcosindicalismo y otro en la Cosa Nostra. Faccia Brutta, al que se daba mucho mejor cometer atracos y salir indemne que hablar castellano, acabó de todos modos en la cárcel y allí le matarían otros reclusos. Un estudio de Hollywood estaba interesado en hacer una película sobre su vida y se dice que quienes le conocían temían que la vanidad le hiciera perder la discreción.

En Punta Carretas, la antigua cárcel, sede de la histórica fuga tupamara de 1971 y de la menos conocida de los anarquistas de 1931, es ahora un centro comercial («Punta Carretas Shopping»). En frente, en el 2529 de Francisco Solano García, una tienda de ropa donde estuvo la carbonería (El buen trato) que José Baldi («Gino Gatti») compró para cavar, con otros tres compañeros, un túnel -según quién lo cuente- de entre 43 y 54 metros de longitud (ver foto) con el cual sacar de prisión a Roscigno.

Habían dejado una nota en la boca del túnel «Son ácratas aquellos que lo demuestran con los hechos y no con las palabras».
Tanto Roscigno como Moretti fueron detenidos de nuevo (por un chivatazo) en cuestión de días y prefirieron ir a la cárcel en Uruguay que a manos de la policía argentina. De poco parece haber servido: tras cumplir una nueva condena, al acabar 1936, Roscigno, Andrés Vázquez Paredes y otro de sus compañeros fueron liberados y entregados a la policía argentina que, en un anticipo de lo que vendría décadas después, los desapareció.

lunes, 23 de marzo de 2015

Impresiones de Buenos Aires (IV)

Aún hoy día abundan las pintadas y pegatinas con referencias a Perón y/o Evita. Para colmo, hay elecciones generales en el horizonte y el sucesor de Cristina Fernández se ve apoyado por todo un imaginario que idealiza a la todavía presidente y, sobre todo, al difunto Néstor Kirchner, convertido por algunos en un submito dentro del mito peronista que irradiaría a su viuda y a cuantos se hayan relacionado con uno u otra.
Otra cosa que me sorprende de la población porteña es el número de andin@s. Me pregunto cuánt@s serán argentin@s (salteñ@s, tucuman@s,etc.) y cuánt@s, inmigrantes venidos de Bolivia o más allá. En todo caso, su presencia me reconforta: no soy el único exótico, no soy el único que habla-castellano-pero-raro.
Mi visita al cementerio de la Chacarita, construido por el mencionado desborde de otros cementerios a partir de 1871, ha sido un tanto frustrante. Resulta que cierra a las 17.00, resulta que entre sus numerosas calles, la que yo busco no parece existir, resulta que el que podría ser el sepulcro que he buscado, el de Wilckens, no tiene ninguna inscripción ni homenaje de ningún tipo, no puedo confirmar ni desmentir el haberlo encontrado. Tampoco tengo tiempo para casi nada. Es una cálida tarde de verano y es extraño estar en un cementerio. Dos chicas jóvenes están sentadas ante una tumba y parecen conmovidas, yo me siento un poco intruso y, a la vez, me pregunto por todas las tumbas que se ven deterioradas o medio hundidas, ¿no queda nadie vivo que se ocupe de ellas?
En general, parece que mi habitual relación con l@s muert@s es más difícil por aquí: Alejandra Pizarnik está enterrada en las afueras (cementerio judío de La Tablada, leo), Baldomero Fernández Moreno, otro tanto (Chascomús, leo), el doctor Favaloro, en un cementerio privado y Aldo Pellegrini... ni la más remota idea.
El barrio de la Chacarita, o al menos la parte que he visto, parece muy comercial: en frente del cementerio hay no pocos bares y tiendas, pero el trozo que recorro de la avenida Warnes (donde trabajaba Gekrepten, me recuerdo) está temáticamente dedicado a la automoción: los talleres mecánicos y tiendas de repuestos se suceden uno detrás de otro, ¿no los habrá en el resto de la ciudad?
La avenida Dorrego no me parece mucho más acogedora y, de hecho, en torno a la estación de tren de Chacarita empieza una zona de casitas bajas, casi chabolas, y, al pasar por el túnel bajo las vías, encuentro la correspondiente concentración de hollín. Al salir al otro lado del túnel, vuelven los parques y las calles de aire más residencial.
He dado vueltas por el sur de Almagro, buscando los antiguos cines míticos del barrio, en Rivadavia, Corrientes y Díaz Vélez, pero ya no existe ninguno. De nuevo, Rayuela es una de las cosas que me ha llevado allí (habla del cine Presidente Roca, entre otros), igual que a la calle Suipacha (casi toda en el centro histórico), pero allí ya sé que no voy a encontrar el café Richmond porque cerró tiempo ha.
En cambio, ir más al centro, al barrio de Caballito, buscando, entre otras cosas, la cortazariana plaza de Irlanda, me ha dado un agradable paseo por calles como Neuquén o la avenida de Avellaneda. Me temo que el nivel económico por aquí, eso sí, sea más alto que la media porteña (y aún estaríamos hablando de una media).

Nota: la foto muestra a Salvadora Medina Onrubia. No he hablado de ella en esta entrada, ni en ninguna otra, pero tiene su relación... y sé que volverá a venir al caso.

jueves, 12 de marzo de 2015

Impresiones de Buenos Aires (III)

Por todas partes gotean aparatos de aire acondicionado. Hay muchos coches antiguos, tanto en uso como abandonados. Algunos, más o menos antiguos, están clamorosamente abandonados: chapa oxidada, basura en el interior, etc. También hay muchos perros callejeros. Pienso en que quizá tengan una vida dura, quizá propaguen parásitos o dejen más mierda, pero hay más perros vivos. La asepsia canina de ciudades como Madrid o Barcelona, me recuerdo a mí mismo, se basa en una política de exterminio constante, púdicamente llevada a las perreras.
Parques, setos y verdor por todas partes. Sigo buscando tras las huellas del movimiento obrero argentino y no siempre encuentro lo que busco. Hay un poco de césped en el antiguo solar del número 1056 de la calle Estados Unidos, sede de un local anarquista en otros tiempos, en una zona visiblemente proletaria del barrio de Monserrat. Voy a Balvanera, otro barrio humilde y donde me han recomendado ir únicamente de día y con cien ojos y busco en los alrededores de la plaza Miserere (antiguamente «plaza Once»), donde se encontraba la sede del combativo Sindicato de Panaderos. Allí se libró una batalla clave el 19 de junio de 1923 que acabó con el panadero español Enrique Gombas muerto con varias balas en la cabeza, un vendedor de fainá, Francisco Facio, muerto bajo los cascos de los caballos de la policía, el agente de la ley José Arias, herido de muerte por bala y hay otros 17 trabajadores heridos graves de bala y/o sable y 163 detenidos, por lo general sableados también en alguna medida (un panadero, por ejemplo, con la nariz partida en dos).
Para llegar allí he tenido que cruzar buena parte de Almagro por la calle Anchorena (recuerdo a Horacio Oliveira diciendo «no sé si te acordás de cuando practicaba judo con los muchachos de la calle Anchorena») y me gusta. Me sorprende la cantidad de judí@s practicantes que veo por Buenos Aires y, en esta zona, much@s no sólo llevan kipa, sino todo el atuendo hasídico: pantalón, chaqueta y sombrero negro, para los hombres, faldas largas y el pelo cubierto por un pañuelo o una peluca, para las mujeres (al menos, creo que ese es el caso de las casadas). Aquí hay también muchos comercios más o menos especializados en el público judío (librerías, alimentación... me sorprende que muchos usen la variante “casher”, como en francés) y algunos edificios más importantes (escuela talmúdica, etc.), protegidos por bolardas de cemento y policía. Desmintiendo los tópicos, es un barrio con mucha población judía, pero no adinerado (a diferencia de lo que pasaba en Montréal con Hampstead y Outremont). Más tarde aprenderé un agradable detalle de la alimentación kosher: al tener prohibido comer lácteos y carne en la misma comida, han desarrollado toda una gama de helados sin leche que, a su vez, han traído a gran parte de l@s vegan@s de Buenos Aires a las heladerías kosher, lo que les ha reafirmado en la oferta vegana. He probado una heladería kosher de la zona y no tengo queja, francamente.
El trozo de la calle Bartolomé Mitre más cercano también está lleno de verde. Los antiguos talleres Vasena, ocupado por sus obreros en 1919 y desalojados violentamente, dando comienzo a la «semana trágica», son ahora un parque, aunque se han conservado trozos de tres muros a modo de memorial. Cerca hay unas cocheras coronadas por alambre de espino y, de alguna parte, llega el olor de un fuego.

El barrio de Parque Patricios no parece muy residencial, más humilde, todo parece más deteriorado y precario. Entre las calles Pichincha, Santa Cruz, 15 de noviembre de 1889 y la avda. Caseros está la doble cárcel de encausados. Es un doble monumento histórico: la primera, en este sentido N-S en que voy, es la más reciente y que sólo estuvo en uso de 1979 a 2001, un edificio visiblemente clausurado y rodeado de una acera descuidada. El segundo, una cárcel decimonónica, también clausurada, medio corroída por su antigüedad y por su abandono y gloriosamente invadida por plantas. Allí pasó sus últimos días Kurt Wilckens y allí lo mató el ultraderechista Jorge Pérez Millán Temperley, miembro de la Liga Patriótica Argentina y a la sazón funcionario de prisiones.
Justo en frente hay otro parque, de los grandes, el Florentino Ameghino –antiguo cementerio, desbordado por la epidemia de fiebre amarilla de 1871, he leído– y, como nueve manzanas al sureste, en el 375 de la calle dr. Carrillo, el antiguo hospicio de las mercedes, hoy Hospital José T. Borda, donde se solía llevar a los condenados con problemas mentales. Allí llevaron a Pérez Millán Temperley a cumplir 8 años de condena por matar a Wilckens. Allí se hizo trasladar Boris Wladimirovich, novelesco anarquista ruso que cumplía condena en Ushuaia, haciéndose el perturbado, para poder vengar a Wilckens, con la complicidad de sus compañeros Timofey Derevianka (ucraniano) y Eduardo Vázquez Aguirre (español). Consiguieron que otro condenado del hospicio, Lucich, matara al ultranacionalista y quedaron impunes, al haber atado todos los cabos. De no haberlo conseguido, tenían un sutilísimo plan B: Vázquez y Derevianka entraban en el hospicio, se llevaban a Pérez Millán Temperley a punta de pistola a la plaza de Mayo y allí lo colgaban.
Es el barrio de Constitución y, al menos esta parte, parece más tranquila, pero también poco poblada, entre el hospital, una fábrica y similares. Cuando empiezo a recorrerlo en sentido norte, en la transición hacia el de Monserrat, me encuentro lo que parece un barrio proleta con riadas de gente en torno a comercios sencillos, olores y ruidos por todas partes y una fuerte concentración de mujeres y personas transgénero prostituyéndose.
Eso me hace pensar en los papelitos (tamaño A8, o menos) que anuncian los servicios de las prostis: los hay millares por buena parte de la ciudad, pegados en largas filas en contenedores de basura, marquesinas y similares.