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domingo, 29 de octubre de 2017

Yo tenía un amigo

Yo tenía un amigo.
También tenía una amiga. Estaban juntos. Bastante juntos, las parejas tienden a estar bastante juntas, en general. Dos años después de conocerles, dejaron de estarlo. Poco después, ella me dijo que él la había ido alejando de otras personas, había conseguido que ambos dependieran cada vez más del otro y sometido a todo un proceso de anulación.
Ninguno entró en detalles, pero él reconocía que la relación no era sana y que la ruptura era, en el fondo, lo mejor para ambos. Después, estaba en otra relación, con otra persona, otra buena persona y yo creía que todo iba bien, todo lo bien que pueden ir las cosas en el mundo real, vaya. Él reconocía que había tenido actitudes de puro maltrato psicológico por su inseguridad y que quería dejar eso atrás.
Y me entero, más de cuatro años después de la primera ruptura, de que no es así. De que él ha seguido teniendo actitudes de maltrato, de acoso. Y me pregunto qué puedo hacer, qué debo hacer. Me pregunto si puedo ayudarle a cambiar o, al contrario, debo dejarle de lado como han hecho otros y esperar que el aislamiento le cambie o al menos le dificulte llegar a otras posibles víctimas.
Quedo con él, hablamos de banalidades. Después de mucho rato, saco el tema. Da su versión, no niega nada, se muestra humilde, relativiza lo ocurrido: él no cree haber sido el único con actitudes malsanas, no recuerda que hubiera tanta diferencia entre lo hecho por uno y otra, etc. Me sugiere alejarme de él si lo creo conveniente, por más que desee, dice, que sea para volver a encontrarnos después. Le digo que sí, que prefiero alejarme. No sé si consigo decirle todo lo que siento: que ya no sé si le conozco, que ya no sé si puedo confiar en él, que no sé si estar cerca de él es una manera de ayudarle a cambiar o ayudarle a encubrir lo que, en el fondo, también es. Me alejo de él y lo siento como una ruptura: ¿ha sido su gran final como actor o realmente me ha dejado ir con verdadera humildad y buena intención?
Han pasado más de dos años cuando escribo esto –cuatro años cuando lo releo– y tengo las mismas dudas y el mismo dolor por todo lo ocurrido. El mismo dolor y la misma vergüenza porque no lo vi (¿o no supe verlo?) y no pude ayudar a mi amiga. El mismo dolor y la misma vergüenza porque otro sí supo ayudarla y tanto fue así que se convirtió en su nuevo compañero-enemigo, en su nuevo manipulador infiltrado hasta en el último rincón de su corazón. La misma vergüenza porque sé que mi parte no es tan dolorosa como las de ellas. Tengo la misma vergüenza porque toda esta consciencia, en lo mental y en lo emocional, no cambia una puta mierda de lo ocurrido, aunque quizá me sirva para hacerlo mejor en una situación parecida.
Eso es lo que tengo, lo que de todo esto me queda.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Secuestrar y violar a Angela Merkel

Hemos querido titular esta entrada de manera muy clarita porque nos gusta llamar a las cosas por su nombre, salvo cuando nos ponemos burlones (véase el manifiesto Contra la globalización y el mestizaje, por ejemplo), que es cuando las llamamos por el nombre de quien queremos ridiculizar. Si esta aclaración puede ser necesaria es porque la idea de hacer tal burrada con la Merkel es parte de un simpático juego de palabras –«tenemos a Merkel en un zulo, enseñándole griego»– en una canción de Riot Propaganda y queríamos explicitarla en toda su crudeza. Sirva, pues, esta pretendidamente jocosa alusión a la violencia sexual para volver a abrir el melón de los tics machistas y misóginos en el movimiento anticapitalista.

Este artículo, o lo que sea, probablemente nunca habría tenido lugar si alguien no hubiera escrito antes Los Chikos del Machismo, una crítica a algunas letras de Los Chikos del Maíz que tuvo su respuesta (por llamarla algo) en forma de artículo del Nega, uno de los dos MCs de este grupo valenciano de rap y, por ende, de Riot Propaganda.
No debería hacer falta detallar por qué esta respuesta es, sobre todo, una confirmación de los problemas que apuntaba el artículo original... pero basta leer la respuesta del Nega, los comentarios de sus (¡ay!) incondicionales fans y la buena acogida que tienen, en general, frases como la que hemos apuntado antes para darse cuenta de que sí, hace falta explicar al menos un poco qué es lo que va mal en este asunto.

De qué no se trata: de contrastar personas en vez de ideas. Queremos debatir sobre ideas, así que el ego del Nega nos deja tan fríos como el nuestro propio y valga lo mismo para l@s autores del artículo que empezó todo, puesto que no les conocemos ni disponemos de chivatazos como los que da a entender el Nega (y, claro está, nos resbala bastante su pertenencia o no al PCE). Tampoco se trata de dar a estos la razón en todo: no vemos ni machismo ni homofobia en la alusión a Rita Barberà de la intro de Miedo y asco en Valencia, sólo una alusión burlona sin contenido político, basada en un rumor, como vemos tendenciosa su alusión a Letizia Ortiz como «ex presentadora del telediario de TVE». El sentido de esta manipulación, de todos modos, podría ser el cargar con más fuerza contra LCDM y no una supuesta solidaridad entre mujeres burguesas, lo cual no hace que deje de ser rechazable.
De qué no se trata, tampoco:  de discutir todos los problemas que plantea cuanto que ha escrito esta persona, el Nega. Visceralmente, la idea nos tienta, teniendo en cuenta sus letras en LCDM y Riot Propaganda y los artículos que ha publicado en Kaosenlared, pero el tema no nos interesa tanto ni nos parece que pueda interesar tanto a otras personas, por lo que dejamos a discreción del lector leer o no su artículo sobre especismo y antiespecismo o este otro sobre el leninismo y que muestran lo difícil de cualquier debate cuando lo normal es eso: falacias en forma de tópicos, en forma de chantaje emocional, en forma de argumento de autoridad, mezclas de todo para no decir nada, autojustificaciones carentes de interés o incoherencias como una sobre la que pasaremos de puntillas en este mismo artículo.

Vayamos al cogollo del asunto, el machismo:

· algunas de sus frases son perfectamente machistas, con contexto o sin él, como en «tú pidiendo ruido y tu novia entre mis ingles»; no es un problema de cotexto (el resto del texto, en este caso, de cada canción), sino de un contexto cultural en que poseer sexualmente a las mujeres enemigas, sean verdaderas enemigas (Angela Merkel) o sus novias, mujeres, madres o hijas, es una de las maneras de vencer al Enemigo o de remachar la victoria. El problema no es «equipara[r] sexo con machismo y sexismo»; aunque estos Chikos no lo crean, uno puede de hecho acostarse con alguien a quien respeta y ve como un/a igual y, cuando se está en esa actitud, no se habla del sexo como una amenaza, una competición o una manera de imponerse a alguien. Punto de Fuga, sin salir del rap anticapitalista, han hecho letras que celebran la sexualidad entre iguales en lugar de caer en tópicos machistas. El motivo por el que LCDM, Riot Propaganda y otros grupos hacen frases así es el mismo por el que las mujeres del bando vencido, en cada guerra, han sido condenadas a la esclavitud, la violación o a ser señaladas, rapándolas para escarnio público: son parte del territorio en guerra y, como tal, han de ser conquistadas, físicamente ocupadas.

· La izquierda no está libre de machismo, homofobia, racismo, etc, etc; ni siquiera la izquierda antiburguesa, la historia muestra más bien lo contrario. Compara el Nega el hecho de señalar su machismo con «llamar racista a Marx por sus ideas respecto a Bolívar y la emancipación latinoamericana», pero es que decir que Bolívar y la mayoría de venezolanos eran «incapa[ces] de todo esfuerzo de largo aliento» es un comentario racista, independientemente de su procedencia (¿le quitaría hierro el Nega si lo dijera, pongamos, alguien de la FAES?). Esto no es religión, no se trata de tomar todo lo que ningún autor ha escrito, ni de rechazarlo todo (el propio Marx advirtió contra ese tipo de lecturas doctrinalistas); nos quedamos con la capacidad de análisis de Marx, no con su racismo, como nos quedamos con el federalismo y anticapitalismo de Proudhon, no con su machismo, con el activismo anarquista de Berneri, no con su actitud patologizadora respecto de la homosexualidad y con la denuncia que Bruno Rizzi hizo del colectivismo burocrático soviético como opresión de clase mucho más que con su aversión paranoica por los hebreos. Nada de lo cual nos impide, claro, denunciar todo racismo, machismo u homofobia, también cuando vienen de al lado y no de enfrente.
En cuestión de letras musicales, no está de más recordar el precedente de Eskorbuto y aquello de «quisiera enrollarme/a una mujer policía/para estar jodiéndola/todos los días, todos los días» (en Maldito país) y, peor aún, lo de «He visto violar, he visto violar/y seguro que su hombre/nunca se lo hizo mejor» (en No quiero cambiar).

· Dado esto último, no está de más recordar que la autocomplacencia no sólo no tiene ningún valor por sí misma, sino que ha sido y es, en gran medida, un escollo. Nuestra generación, quizá por contagio burgués y por la grandísima derrota que ha sido el mantillo en que –mal que bien– hemos brotado, ha estado bastante impregnada de ese constante deseo de felicitarse, de cantar victoria a la mínima y de utilizar la crítica para autoafirmarse repartiendo bilis sin distinguir el disenso con los de nuestra clase del enfrentamiento con la clase opresora (ahí sí estaríamos con el Nega en la idea de que los trapos sucios se lavan en casa). En cambio, cuando se escucha o se lee a much@s compañer@s de principios del siglo XX o del XIX, e incluso a algun@s de la de nuestr@s padres o de la nuestra, encontramos una cultura política de autoexigencia, humildad, esfuerzo y responsabilidad. Estas palabras, hoy día confiscadas por el liberalismo más conservador (como palabras que invocar, no como realidades que encarnar, claro) forman parte de la sangre misma de la lucha de l@s oprimid@s por liberarse de una vez y para siempre: la responsabilidad es sólo el otro nombre de la libertad, del poder, de ese poder que preferimos repartir entre tod@s a organizar en una pirámide social. Dios ha muerto, lo queremos todo y la prueba es que estamos organizándonos para tomarlo y gestionarlo, el victimismo miserable de buena parte del discurso sindicalisto y de la izquierda parlamentaria es estéril y forma parte de la misma lógica que el «es que nosotr@s somos así». Si la cultura hip-hop es tan machista, homófoba y consumista como las demás subculturas y como la cultura común, habrá que revolucionarlas todas, ¿no? Cuando el Nega escribe
Si quieres corrección política y textos sin palabras malsonantes o polémicas que cuestionen tótems sagrados de la izquierda, puedes escuchar a Hechos contra el decoro, a Nach o al Chojín, que están muy bien aunque nunca se salgan de ciertos raíles marcados, es muy lícito su mensaje.
lo que en realidad está enunciando tranquilamente (¿y con cierta condescendencia, o esto ya es suspicacia nuestra?) es una auténtica involución en el rap combativo. Lo cierto es que Los Chikos del Maíz no han innovado, que sepamos, en nada con respecto a Hechos Contra el Decoro (el grupo más netamente activista de los tres citados), bien al contrario, tienen un discurso parecido, pero sazonándolo de ese narcisismo que les puede –como el propio Nega dice–, de referencias machistas y de ese vocabulario de palabrotas y referencias sexuales que, sin tener nada de rechazable en sí mismo, tampoco lo tiene de extraordinario y que él, por necedad o por mala fe puesta al servicio de la autojustificación, no sabe distinguir de sus bravuconadas de machito ibérico ni de su rechazo de un sistema indefendible. Vemos que el Enemigo y los sectores más candidos de nuestra propia clase han inventado eso del «lenguaje políticamente correcto» para retratar de manera neutra una realidad que «hace daño a la vista», como cantaban Habeas Corpus, pero eso no es motivo para darle la vuelta a su bandera y meter en el mismo saco el machismo y las transgresiones a los «buenos modales». Mearse en la sopa puede hacer que un@ se sienta afirmado en sí mismo, pero no es necesariamente una buena idea y difícilmente será una contribución revolucionaria; no sabemos quién «equipar[a] sexo con machismo y sexismo», de entre l@s verdader@s feministas de las dos últimas generaciones, no hace falta abundar en el ejemplo de Punto de Fuga y todo lo dicho.

Ante nosotr@s, pues, sigue el mismo dilema de siempre: seguir reproduciendo cada día aquellas relaciones a las que decimos oponernos, las no defendidas, pero sí aprendidas, mientras lavamos nuestra conciencia pretendiendo que parlamentos y tribunales vayan a abolir el machismo a golpe de decreto... o aplicarnos el cuento y acabar con él en el terreno en que de verdad nos movemos: nuestra vida cotidiana.

lunes, 6 de agosto de 2012

No es tan fiero el león como lo pintan

Se llama negacionista a cualquiera que niegue algo que es tenido por cierto, pero este término, usado casi exclusivamente para hablar de historiadores, suele servir, en especial, para designar a quienes niegan el holocausto nazi en los términos en que se suele sostener que tuvo lugar.
Si formulamos esto último de manera tan sutil es porque, en la medida en que nos hemos interesado por la historiografía negacionista (que tampoco ha sido grande; la medida, decimos), nos hemos encontrado con que no se suele negar tanto el exterminio en sí como la cifra de víctimas y su carácter sistemático en lo relativo a l@s hebre@s (y el que fuera decidido como «solución final» en aquella reunión de enero de 1942 por los máximos líderes nazis), además de intentar relativizarlo haciendo hincapié en la dureza de la guerra y la limitada capacidad del Reich para sostener a la suma de su población y la de todos los países ocupados en tales circunstancias.

En esta ocasión, más que lo válido o inválido de los indicios que l@s negacionistas reivindican, lo que nos interesa es la reacción psicótica de muchos de quienes dicen oponérseles. Con la excusa de oponerse al nazismo (al régimen muerto hace ya 67 años, más que a la ideología, peligrosamente viva, pese a su olor apolillado), llegan a utilizar el derecho penal contra quienes manipulan la historia en un sentido negacionista, pretendiendo que constituya un delito de incitación al odio o apología del genocidio, por más que las palabras no maten. Puede parecer que desde aquí intentamos lavarle la cara al nazismo, pero no van por ahí nuestras intenciones; más bien, como hizo Noam Chomsky con respecto a la persecución judicial de Robert Faurisson, preferiríamos señalar que manipular la historia, como cualquier otra información, es un derecho -un desagradable, pero inalienable derecho-. Abordar cualquier tema implica imprimirle un sesgo, una línea de corte que deja cosas dentro y otras fuera y permite decidir a qué se da más importancia, qué se relaciona con qué, cómo se organiza el contenido, etc. El resultado, pues, es siempre sesgado y, a menudo, repugnante: nos sirve Faurisson o Irving como nos sirven Pío Moa o De la Cierva, pero no por ello vamos a azuzarles a los perros de la magistratura. Si el derecho penal sirve para algo (y nuestra tesis para ese tema sería que probablemente no, para qué mentir), no es para decirles a los historiadores quiénes son l@s buen@s y quiénes l@s mal@s, en favor de quién se puede manipular y en favor de quién no. Con l@s historiadores como con l@s periodistas, nos encontramos con un gran problema ético, no judicial.

Pero ¿sirve todo este ruido en torno a l@s negacionistas para algo que no sea darles publicidad? Sí: sirve para lavarles las manos a tod@s l@s demás.
Ese es el gran regalo de l@s nazis al resto de criminales del mundo y, en especial, a l@s de su época. L@s nazis tienen que ser l@s más mal@s, tienen que ser el Mal encarnado y desatado sobre la Tierra, porque sólo así tendrán l@s demás algún punto de redención. El holocausto nazi, diría el sentido común, no sería defendible aunque hubiera sido menos planeado, aunque sus víctimas hubieran sido 3 millones en vez de 6, o un millón, o doscientas mil. Pero lo cierto es que muchas corrientes políticas tienen muchos muertos debajo de la cama y rezan cada vez que se acuerdan por que las víctimas del régimen nazi fueran 6, 12 o 13 millones, porque hicieran jabón con su grasa o pisapapeles con sus huesos, rezan por que «nazi» siga siendo el estigma del mal (algunos hablan de «falacia reductio ad Hitlerum») que no permita ver lo atrozmente banal de cuanto hicieron los nazis: los campos de concentración de civiles, los trabajos forzados, las condiciones insalubres, los bombardeos despiadados, el exterminio a gran escala... todo.
Sin salir de la Segunda Guerra Mundial ¿cuántas decenas de miles de personas -en su mayoría, civiles- murieron cuando el presidente «demócrata» F. D. Roosevelt hizo bombardear concienzudamente Hamburgo o Dresde, cuántas cuando el también «demócrata» Truman hizo lanzar la primera bomba atómica sobre Hiroshima (hace hoy 67 años) y, tres días después, otra sobre Nagasaki? A los defensores del imperio yanqui-sionista les urge hablar de los crímenes nazis para disimular que EEUU es el único estado que ha utilizado armamento atómico contra un pueblo y que ha sido condenado por terrorismo en un Tribunal Internacional de Justicia (1986) o que el sionismo fue, con honrosas excepciones, un buen compañero de viaje y en parte un predecesor del nacionalsocialismo se mire por donde se mire y que ha intentado, con menos brutalidad y más eficacia, poner en práctica un proyecto identitario integrista, supremacista y colonialista, militarizado hasta las cejas y defensor de los castigos colectivos, los atentados indiscriminados y la tortura.
Urge hablar de la maldad nazi a quienes le lavan la cara al colonialismo español, primer gran utilizador de los campos de concentración (Cuba, Puerto Rico y Filipinas, 1895-1898) para pasar a la población civil hostil pour una cruel e indiscriminada criba, el mismo que usó armas químicas contra la población de Marruecos para conquistar el norte del país y ametralló marroquíes hasta la víspera de su independencia, pero que abandonó a los saharauis a su suerte hace apenas treinta y siete años.
Les urge también a l@s nostálgic@s del colonialismo francés, pues la mayor parte de los militares franceses de la SGM no eran franceses, sino colonizados por Francia, lo que a  muchos no les impidió batirse el cobre contra el invasor alemán (fuera por convicción, por la solda o por lo que fuera) y la recompensa fue, en el mejor de los casos, ninguna y, en el peor, las matanzas de independentistas argelinos a manos de colonos armados por los militares o los sanguinarios bombardeos contra los malgaches. Les urge por todo esto y porque ello puede diluir el hecho de que la Resistencia fuera un fenómeno minoritario -cosa que da un mérito aún mayor a quienes participaron en ella, desde luego-, que entre un 20 y un 25% de sus miembros fueran refugiados o inmigrantes (italian@s, españoles, polac@s, ...), que algunos miembros de la Resistencia cometieran sus propios crímenes, que algunos de quienes participaron en ella lo hicieran o no intermitentemente según se lo ordenaran sus amos (PCF y, por extensión, organizaciones-satélites como la CGT) o que muchos de quienes no lo hicieran, sin ser filonazis, no tuvieron problema en colaborar con el régimen de Vichy con toda naturalidad (en Argelia, concretamente, la policía se congratulaba de haber llegado, en aquella etapa vichysta, a niveles de colaboración ciudadana nunca vistos).
Son algunos ejemplos de lo poco originales que fueron los nazis en el exterminio, el supremacismo o los campos de concentración (¿ya hemos olvidado cómo acabó Sri Lanka con los Tigres por la Liberación de la Patria Tamil la pasada década?), pero lo mismo puede decirse del racismo: ¿alguien cree que desapareció de las instituciones con la derrota nazi?
El apartheid (que fue una adaptación de políticas anteriores similares) se impuso en Sudáfrica a partir de 1948, el mismo año en que se adoptó el programa «Australia blanca» en el país oceánico. Dicho programa, vigente durante más de veinte años, tenía entre sus objetivos reducir al máximo la inmigración desde países «no blancos» como Indonesia dificultándola legalmente y favoreciendo la de otros «blancos» como el Reino Unido, mantener a la población aborigen al margen de la criolla y arrancar de sus padres a l@s hij@s mestiz@s para recluirles en centros del estado donde se les daba un nombre cristiano y se les obligaba a adoptar la cultura criolla australiana: el idioma inglés, la manera de hablarlo, de vestirse, de peinarse, de comer, las normas de cortesía, etc.
Además de en Sudáfrica, en la entonces Rhodesia del Sur -la actual Zimbabwe- el régimen no era menos racista y, en el apogeo de la lucha guerrillera indígena (finales de la década de 1970 y principios de la de 1980), llegó a utilizar armas químicas y biológicas, gracias a científicos y médicos como Steven Hatfill (que posteriormente trabajaría para la CIA).
En Suecia, el Instituto Estatal de Biología Racial esterilizó a algo más de 60.000 personas entre 1922 y 1975 (cuando el gobierno de Olof Palme lo hizo clausurar); se trataba de «enfermos mentales», gitanos y, sobre todo, lapones.

Suficientes ejemplos para la enciclopedia del horror, sin ser exhaustivos. Para acabar, remitimos a la foto que encabeza esta entrada. Tomada por John Florea y publicada por Life, muestra un par de bombas del ejército estadounidense destinadas al bombardeo de Tarawa (actual Kiribati), tomada por el ejército japonés, cuya actuación entre 1937 y 1945 fue tan organizadamente brutal, cruel y supremacista como la de la Wehrmacht. En ambas, los soldados han escrito bromas: en la más alejada del objetivo de la cámara, sobre el general que presidía el gobierno japonés (ejecutado por los gringos pocos años después); en la más cercana, la clase de frase que uno dice antes de contar un chiste, con un significado muy distinto: «¿Has oído esto? ¡Te vas a morir!». Sólo que, en inglés, la traducción literal es «¡Te va a matar!» y que, en ese caso, es literalmente cierto. Eso es lo que vale la vida para algun@s, para much@s, para muchísim@s. No necesitan hablar alemán, ni lucir cruces gamadas.
No es tan fiero el león como lo pintan, no si lo pintan otros leones.

lunes, 2 de enero de 2012

Wallace y un servidor hablando del aborto

Adentrémonos en terreno fangoso, compliquémonos la vida. Mr. Brown empieza la entrada denotando la incomodidad que le produce este tema por diversos aspectos, que habrá que empezar a detallar.
El Brown este del blog se pone a hablar del aborto, ¿a cuento de qué? ¿Porque se siente obligado a tomar posición? ¿Acaso no están bastante claros los términos del debate entre, de un lado, los "pro-vida" o "antiabortistas" y, del otro, los "pro-elección" o "proabortistas"? ¿Por lo cómodo que le resulta, al ser él un hombre?Justificar a ambos ladosLógicamente, lanzo estas preguntas en soliloquio sin saber si al lector también le habrán venido a la mente... Pero no querría empezar por ahí. Puedo adelantar que no reconozco que al griterío en torno al aborto se le pueda llamar "debate", que no entiendo que no se profundice en un debate real y que no estoy de acuerdo en que este deba llevar necesariamente a una toma de posición. Por motivos que explicaré más abajo, mi posición es la de, activamente, no tomar una posición general sobre el tema del aborto.
Antes de entrar en detalles, me permito copiar un par de parrafos del ensayo La autoridad y el uso del inglés americano, de David Foster Wallace, porque estoy de acuerdo con lo que dice casi al 100% y viene de alguien, hasta donde yo sé, no casado con la derecha ni con la izquierda -aunque pareciera cojear algo más de esta última-, sino con la honestidad y es interesante ver cómo llegaba a mojarse en este espinoso asunto sólo para ilustrar un aspecto de su disertación sobre otro tema (el uso del inglés en EEUU y las implicaciones de escribir teorizaciones descriptivas o prescriptivas al respecto):
(...) dados nuestros mejores conocimientos médicos y filosóficos de qué es lo que hace que alguien sea no solamente un organismo vivo sino una persona, no hay forma de averiguar en qué punto exacto de la gestación un óvulo fertilizado se convierte en un ser humano. Este enigma, junto con la seguridad básicamente indiscutible del principio "Cuando haya una duda irresoluble acerca de si algo es humano o no, es mejor no matarlo", me hace pensar que cualquier americano razonable tendría que ser pro-vida. Al mismo tiempo, sin embargo, el principio "Cuando haya una duda irresoluble sobre algo, yo no tengo ni el derecho legal ni el moral a decirle a otra persona qué tiene que hacer al respecto, sobre todo si esa persona siente que él o ella no tiene dudas" es una parte irrefutable del pacto democrático que todos los americanos hacemos los unos con los otros, un pacto en el que cada ciudadano adulto tiene derecho a ser un agente moral autónomo; y este principio me hace pensar que cualquier americano razonable tendría que ser pro-aborto.
Este reseñista es, por tanto, como ciudadano privado y como agente autónomo, al mismo tiempo pro-vida y pro-aborto. No es una posición que resulte fácil ni cómoda de mantener. Cada vez que alguien que conozco decide abortar me veo obligado a creer simultáneamente que está cometiendo una equivocación y que tiene todo el derecho a hacerlo. Además, por supuesto, tengo al mismo tiempo que creer que una posición pro-vida + pro-aborto es la única que es verdaderamente coherente y contener mi impulso de intentar imponer esa posición a otra gente cuyas convicciones ideológicas o religiosas parezca (o me parezca a mí) que van en contra de la razón y muestren (en mi opinión) una posición dogmática chiflada. Esta contención tiene que mantenerse incluso cuando la posición dogmática chiflada de alguien parezca (o me lo parezca a mí) rechazar la misma tolerancia democrática que evita que yo intente imponer mi posición sobre él/ella; y que requiere que yo ni insista ni discuta ni me vengue aun cuando alguien me llame Esbirro de Satanás u Otro Típico Hombre Capullo , una paciencia que representa los verdaderos límites externos y crispantes de mi Espíritu Democrático personal.
Y entonces, ¿qué? ¿No hay que tomar posición sobre el tema? Pues no, no hay por qué. Eso no cuadra ni de lejos con el supuesto debate existente en países como España, pero este no es un verdadero debate. Me explico: de un lado, existe un sector antiabortista cuyo grueso consiste en posiciones religiosas, basadas en interpretaciones de supuestas revelaciones. Estas ni siquiera merecen ser tomadas en cuenta: ¿"Dios dice... "? Pues que lo diga él y escucharemos sus argumentos, porque la autoría en sí misma no es ningún argumento. Como no se le oye decir nada, tendremos que seguir con el tema sin él.
En cuanto a quienes se declaran mayormente contra el aborto desde posiciones laicas -o, directamente, desde el ateísmo militante, como el recientemente fallecido Christopher Hitchens-, este es un tema más complejo. El problema que plantean es que sabemos que una mórula de 2 o 3 días no es un ser humano, con sus correspondientes derechos, tanto como sabemos que un recién nacido sí lo es. El problema: que, entre medias, aquello (mórula, luego embrión y, más tarde, feto) va a pasar por todo un desarrollo que va a convertir algo que no es sujeto de derecho en algo que sí lo es y no sabemos delimitar en qué momento. Además, el recién nacido puede haber pasado por un desarrollo de 35 semaanas, o uno de 30 o, excepcionalmente, uno aún más breve... y ¿entonces?
Para colmo, están los supuestos que legislaciones como la española (que, históricamente, ha penalizado el aborto) consideran exculpativos: ¿y si el cigoto es fruto de una violación y la madre, por algún motivo, no ha ido a tomar la píldora "del día después"? ¿Y si el niño está enfermo antes de haber nacido? ¿Y si supone una amenaza para la salud de la madre?
Nada de esto ayuda a aclararnos...

Concluyamos, pues, jodiendo fastidiando aquello que creíamos saber sobre la paternidad o maternidad y la vida misma y preguntándonos: ¿cómo nos creemos con derecho a engendrar seres de nuestra categoría? En serio, ¿no es la vida de otro ser humano algo perfectamente equiparable a la vida propia? Y ¿no es esta un marco de posibilidades enorme, algo cuya desaparición implica el fin de todo para la persona afectada? ¿No es eso mismo, lo que de absoluto e irreversible que tiene para la persona afectada, lo que hace que consideremos ilegítimo el homicidio, salvo para casos de legítima defensa? Y ¿no es cierto que no se puede ser p/madre en legítima defensa, como tampoco se puede abortar en legítima defensa (aunque el supuesto de peligro para la madre pueda andar cerca de esto)? De hecho, ¿no es el problema del aborto el único en que estas dos dudas, la legitimidad de concebir una vida y la de (ante la hipótesis de que pueda haber otra vida implicada) poner fin a una vida, se condensan en un solo dilema?
Así las cosas, Mr. Brown, en tanto que ser humano y hombre, se puede plantear lo innecesario de seguir repitiendo como dogma de fe el derecho al aborto y preferir insistir en el acceso real (es decir, gratuito) a anticonceptivos, la educación sexual (que ha fracasado, a día de hoy, pero a la cual no hay alternativa) y la despenalización del aborto -y, en cierto sentido, también de todo lo demás-, así como señalar las palabras "vasectomía" y "ligadura" en el diccionario, pero lo que no va a hacer es tomar posición sólo porque lo hagan l@s religios@s o l@s humanistas impregnad@s hasta la ceguera pseudo-religiosa, en este caso, de inspiración feminista (pienso, incluso, en publicaciones por lo demás tan interesantes como Ruptura o Terra Cremada).
El compromiso, en todo caso, está en defender este tipo de cosas y en no provocar embarazos no deseados. Cuando se desee el embarazo, ya vendrá la incómoda pregunta: ¿con qué derecho, en nombre de qué o quién?

domingo, 6 de noviembre de 2011

La Guerra Fría ha muerto, ¡viva la Guerra Fría!

Vivimos fechas llenas de efemérides pero, pese a lo que pueda dar a entender el título, esta entrada no trata sobre historia y quedan aparcados, de momento, los homenajes a -o reseñas biográficas de- Barry Horne, Carlos Marighella y, desde luego, Guy Fawkes.
El asunto, ahora mismo es qué está pasando con (aún más que en) Libia y Siria y qué capacidad tiene la izquierda occidental -la de verdad, antiimperialista- de entenderlo y de abrirse la cabeza intentándolo. Y de ahí, el título. Porque lo cierto es que, a casi veintiún años de la desintegración de la URSS, algun@s parecen seguir considerando como motor de la historia las maquinaciones geopolíticas y los golpes de mano a base de fuerzas especiales.
No es que uno ignore, por edad o falta de interés, el largo brazo de la CIA, la NSA o cualquier otro de los servicios de inteligencia gringos. Obviamente, a l@s muchach@s de Langley, Washington y demás les interesa más cualquier país de mayoría árabe que, digamos, Tuvalu, no se les puede culpar por ello, teniendo en cuenta qué es aquello por lo que les pagan y qué no. Pero, nos guste o no, la historia es más compleja y no se entienden los procesos políticos sólo con cenáculos y conjuras palaciegas.

Así las cosas, primera regla que propone Mr. Brown para un, digamos, Manuel del buen analista político aficionado (que sirve, además, para otros análisis): distinga entre aquello que se sabe y aquello que no y tenga la honestidad de reconocer qué entra en una categoría y qué entra en la otra.

Segunda: la información es tan fiable como la fuente de la que procede. Aunque un bando le caiga mejor que el otro, eso que no quiere decir que el primero nunca mienta o manipule, ni que el segundo lo haga por sistema. La distinción entre "mentir" y "manipular" no es nada superflua: a partir de un hecho real, se puede manipular mucho mejor -y de más maneras- sin necesidad de inventar un hecho ex nihilo y exponerse a que uno le pillen en una argucia de ese tipo, más palpable.

Tercera: no siempre hay una mano oscura detrás de aquello que a usted le parece especialmente misterioso o más poderoso de lo que habría previsto. Aún estamos esperando que la derecha-especialmente-apolillada demuestre la vinculación de las Brigadas Rojas con el Mossad, de ETA-(m) con la revolución sandinista, de Action Directe con el régimen de los ayatollahs o del atentado de Lockerbie con el de Gaddafi. Esperamos sentados, por aquello de las varices; gracias.
Otro día, podemos hablar de otras difamaciones, más venidas de la izquierda: los abertzales de ESB acusando a los Comandos Autónomos Anticapitalistas de estar en manos de la inteligencia española desde 1979, los de HB haciendo lo propio tras la "operación Mendeku", Guy Debord diciendo lo mismo de Action Directe y las autoridades francesas...

Volvamos, pues, al caso que nos ocupa y al problema de aplicar al presente la lógica de la Guerra Fría. Por aquella idea tan deleznable de que "el enemigo de mi enemigo es mi amigo", que durante aquel larguísimo invierno de más de cuarenta años servía para las posturas de supervivencia más peregrinas -lo que no significa, necesariamente, que fueran las más defendibles políticamente-; esa idea que lleva a algun@s, ahora, a hacer contorsiones para lavarle la cara a los regímenes de Bashar el-Assad y Gaddafi, tanto como mañana serán capaces (si a ello les obliga el fervor contra el eje yanqui-sionista) de denunciar que fue en un laboratorio del Pentágono donde se inventó el pastel de manzana. ¿Cómo se explica, en esa lógica de tres al cuarto, la relación entre los EEUU, los regímenes de Iraq y Siria y los islamistas locales si, durante años, esas cuatro partes estaban enfrentadas casi todos contra todos? Y, puestos a marear la perdiz, ¿qué opina esta gente de l@s terceristas? Reconozco que me gustaría verles pasar un mal rato hablando de Perón, Norberto Ceresole, Jean Thiriart o Roger Coudroy... unos minutos después de haber defendido el socialismo.
Lanzo una idea muy sencilla, pero que debería ayudar a esclarecer todo esto, de modo que incluso en el Partido de los Cabezas Cuadradas puedan entenderlo: no sabemos quién está matando en Siria, si sólo lo hace el régimen o lo hacen, también, sectores de la oposición civil (se habla de francotiradores, por lo misterioso de muchos disparos y de los ángulos con que llegan) y, de haber sectores de la oposición civil empleando las armas, en qué medida lo harían motu proprio y en cuál apoyados por potencias extranjeras (empezando por Israel y EEUU, cierto). La lista de preguntas, además, es más larga: ¿los militares sublevados están realmente del lado de los civiles, o sólo quieren hacerse con el poder? ¿Cuántos opositores son laicos, cuántos islamistas, cuántos podrían trabajar para al-Qaeda... ? No lo sabemos. Sabemos que se está luchando contra la clase dirigente de un determinado país, cosa que no dejan de ser buenas noticias. Sabemos que, para los miembros de la OTAN, puede ser una tentadora ocasión de seguir reorganizando el Tercer Mundo. Sabemos, también, que pueden llegar (más) refugiados de Siria, igual que de Libia y otros países. Nuestro trabajo, pues, no es decirles a sirios, libios o quien sea si son antiimperialistas, proimperialistas o hipocampos cabelludos. Lo que nos toca es oponernos diametralmente a que con nuestros impuestos, en nuestro nombre y en nombre de los derechos humanos -causa mucho menos sucia que ningún gobierno de cuantos la reconocieron en 1948- se emprenda ninguna cruzada contra Siria o se haga algo en Libia que no sea una retirada unilateral e incondicional (y, si la pactan con los locales, tanto mejor). Y nos toca a los primermundistas, también, acoger a los refugiados como seres humanos que merecen una dignidad en sus condiciones de vida -los nativos también, no somos mártires- y una dignidad en el trato que tengamos, eso que llaman "respeto". De esta convivencia obligada por las circunstancias siempre han brotado más flores que espinas, no lo olvidemos.

Para acabar, tengo que retomar ese "socialismo" que había quedado coleando hace un largo párrafo y abordar la última idea de este nudo gordiano, a saber: la formación marxista de muchos de esos analistas de la izquierda. En dos palabras, pobre Marx. En nueve: qué utilización tan pobre de las aportaciones de Marx. No lo digo porque piense que el viejo nunca se equivocaba, ni porque piense que los autores de los que hablo lo piensan, sino porque me da la impresión de que se han quedado en el análisis de las manidas condiciones objetivas y se han olvidado de las subjetivas. Está bien apoyarse en datos geopolíticos, económicos, sociológicos, etc. para analizar la situación de un país, pero los datos no permiten saber qué van a hacer las personas, sólo ayudan a entenderlo -y, sobre todo, cosas de la diosa Historia, ayudan a darle a los hechos un sentido a posteriori que es imposible decir si tenían o no en el momento de ocurrir-. Lo siento, pero nadie va a pedirnos permiso antes de rebelarse, ni va a preguntar si está previsto en la última noticia que hemos leído el que saliera en manifestación.
Algun@s no entendemos un socialismo sin humanismo. No tiene sentido. Hace falta una mentalidad muy jacobina y muy cuartelera para intentar entender la realidad sólo a base de informes de inteligencia y tablas de datos macroeconómicos; la clase de mentalidad que sólo puede llevar a un socialismo/comunismo con mucho de "ismo" y poco o nada de "social" o de "común", como no sea la disciplina. Ya nos sabemos la canción, ese socialismo donde los bosques son de bayonetas y donde "el que no está con nosotros, está con el enemigo". Si el humanismo significa algo, no es sólo la gran revolución -intelectual, primero; callejera y popular, después- de los últimos quinientos años, no es sólo pensar que las personas estamos por encima de las instituciones de cualquier tipo y de los roles en que quieran encerrarnos, significa, también, que la historia es, sobre todo, la historia de aquello que hacemos y que dejamos que nos hagan. No creo que haga falta citar expresamente a herr Marx, ¿no?

lunes, 7 de marzo de 2011

Feliz día de la mujer trabajadora


El título va sin ironía. En serio: Mr. Brown desea a las damas no sólo un buen día, sino un día que sirva para aprender de las experiencias de lucha pasadas y presentes de tantas mujeres en busca de la autoliberación y, sobre todo, recargarse de ganas y preparar análisis, tácticas, acciones, actitudes.
Se conmemora el 8 de marzo porque, tras varios años en otras fechas, o en diferentes fechas según el país, así lo empezó a convocar la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, que es quien empezó con todo esto, le pique a quien le pique... en todo caso, el día es lo de menos y, claro, queda en agua de borrajas si no se hace lo mismo los otros 365 (por aquello de que 2012 será bisiesto) que vendrán antes del próximo 8 de marzo. A los partidos políticos, burocracias sindicales y demás elementos siniestros que aprovechan este día para ondear banderitas que cogerán polvo los próximos doce meses, dos palabras: hasta nunca.
Y ahora sí viene la parte mordaz de esta entrada, por lo que, como aquel rey de Alicia en el país de las maravillas, empecemos por el principio, sigamos por la continuación y acabemos con el final: esa liberación de la mujer que, dicen, ya ha ocurrido es una filfa, más que otra cosa. Se supone, señoras y señoritas, que a lo largo del siglo XX (sobre todo, su segunda mitad) y lo que llevamos del XXI habéis avanzado un montón en vuestra posición social y no hay más que echar un vistazo a cómo estaban las cosas antes y cómo están ahora. A mí, el vistazo ese me da la impresión, grosso modo, de que se os ha permitido copiar un montón de cosas que eran tradicionalmente masculinas, con lo cual, además de tener los problemas propios de ser humanas y los que puedan derivarse de vuestros roles o naturaleza femeninos o de la discriminación heredada (menos puestos de trabajo, peor pagados, más frecuente acoso sexual, más frecuente violencia, en general), os veis tan pringadas como nosotros en:
· el trabajo asalariado, “adiós” a aquel sistema en que teníais que depender de vuestros maridos o padres, “hola, ¿qué tal?” a un sistema en que podéis dejar de hacerlo en el momento en que encontréis una empresa o institución de la que depender (también se puede ser autónoma, pero dependerás del mismo mercado que l@s demás, pagarás a la Seguridad Social una cotización del carajo de la vela y ya veremos para cuántos autónomos hay hueco en el mercado)... por no hablar de que el trabajo doméstico sigue muy mal repartido y por eso la madre de Mr. Brown fue la primera que le habló del tongo de la presunta "liberación" y por eso, como por todo lo demás, ella es la primera felicitada y homenajeada en este escrito;
· el derecho a votar y ser votada, ahora ya sabéis lo que es meter un papel en una caja de cristal un día determinado y, durante los 1.460 días siguientes, ver cómo el tarugo/a elegido/a y un montón de los de su ralea se dedican a lanzarse mensajes mediocres, vender licencias urbanísticas al mejor postor, decidir sobre nuestras vidas en función de sus intereses o de lo que se haya hecho siempre y a hacer lo que sea para conseguir tu voto, de manera que el (aburrido) circo pueda seguir, sin que puedas hacer nada para que cumpla lo que prometió o deje de llevarse, por hacer eso, un dinero que no vas a cobrar en tu p**a vida;
· la entrada (y cada vez mayor) en las Fuerzas Armadas, ahora ya podéis ir a sitios que quizá ni sabíais que existían a hacer, a punta de fusil/tanque/etc., lo que ya hace gente de organizaciones de ayuda a la cooperación, pero soliviantando a la gente (¿alguien dijo “soberanía”? ¿lo que estaba bien cuando se hacía aquí con Napoleón está mal cuando se hace en Afganistán hoy día?) y teniendo que decir de vez en cuando algo como “Pues no sabíamos que era una boda/fiesta/romería, por eso bombardeamos… ¿Así que 100, eh? Sí que son muchos, igual hemos batido nuestro record”; Mr. Brown avisa de que, cuando te matan en la vida real, no hay vidas extra, como en los videojuegos o los simuladores, te dan una medallita, pero no puedes recogerla por motivos ontológicos obvios;
· la entrada (también, cada vez mayor) en las Fuerzas de Seguridad del Estado, que viene a ser como lo anterior, pero en defensa de la ley, que es el marco institucional de nuestros más graves problemas… la policía es la primera línea de defensa física del actual desorden de cosas, la incorporación de mujeres no feminiza a la policía, policializa (permítaseme el palabro) al sexo femenino, como en el caso de los militares;
· la presencia de mujeres en los consejos de administración empresariales y de las grandes organizaciones políticas, sindicales y religiosas que, según las y los feministas de salón, aún no es suficiente… Mr. Brown abomina de quienes gestionan vidas ajenas y no ve la gracia a la idea de rendir cuentas a una jefa; además, aprovecha para preguntar en voz alta de qué le sirve a dos millones y pico de paradas que haya ocho ministras con cromosomas XX;
· el tabaquismo femenino, que ha aparecido y crecido enormemente de la mano de esa idea de “¡Seamos como los hombres!” y gracias al cual conocéis toda su gama de delicias, desde un aliento repugnante y toda esa serie de desgracias en cuanto a calidad de vida y estética que acompañan al fumeteo, hasta las máximas probabilidades de los peores tipos de cáncer y enfermedades del aparato circulatorio, pasando por la pequeña contribución –de cara a quienes no fumamos– a hacer de este mundo un lugar un poco más maloliente, irrespirable e insalubre;
· el borrachismo femenino también prolifera y hay que lanzar también a las señoritas y señoras la pregunta: si hay toda una gama de cosas de las que beber sin llegar a cantidades psicoactivas, ¿por qué agotar vaso tras vaso, por qué “desinhibirse” hasta hacer cosas por las que nadie va a dar la cara cuando el pedo haya bajado, por qué beben (alcohol) personas que se-ponen-agresivas-cuando-beben(-alcohol)?
Vale, 699 palabras para decir que la llamada liberación de la mujer era una trampa, ¿aquí no se rescata nada bueno? ¿Eso son las mujeres de hoy día, mujeres del siglo XIX, pero que trabajan también fuera de casa, votan, fuman, se emborrachan los fines de semana y hasta se preparan oposiciones a la Guardia Civil? No, desde luego. Si he dicho que todo esto era “principalmente” una estafa, es porque creo que en algo sí habéis avanzado: en que queréis avanzar. Cada vez más, asumís con naturalidad que tenéis derechos, que no es justo que se os pongan limitaciones, que nadie tiene por qué despreciaros, que vuestro sitio está donde cada una lo encuentre y que no hay por qué comportarse “como una señora/ita” o “como Dios manda” si no es lo que a una le sale… de la libre voluntad.
He hecho trampa al decir que acabaría por el final. La verdad es que el final no está escrito, no existe (el futuro nunca existe) y esa es la parte buena de todo esto: que quien descubre que es capaz –mujer u hombre o indiferente– de hacer lo que le da la gana sin pasar por encima de nadie, lo hace y demuestra a los y las demás que se puede ser libre, y habla con ellos, comparten experiencias, conspiran juntos. Así se deja atrás todo complejo, toda dependencia, las parejas posesivas, policías y urnas y nos preparamos para que, algún día, el 8 de marzo sea sólo un día más que disfrutar. Entretanto, brilla todo el año lo que escribió un par de siglos atrás William Blake: “Ningún pájaro vuela demasiado alto si lo hace con sus propias alas”.