miércoles, 18 de junio de 2014

Bajo el hechizo de Ende: El espejo en el espejo

Por aquí no tenemos nada que ofrecer de nuestra cosecha, pero sería un error decir que no tenemos nada. Ha sido volver a leer a Michael Ende y enamorarnos aún más de la literatura. La culpa, en este caso, es de El espejo en el espejo, un conjunto de relatos sin título, ocasionalmente unidos por algún elemento, pero muy autónomos.
Tanto o más que Momo o La historia interminable, estos relatos ofrecen una puerta simbólica poderosa, pero no retorcida, como las de algunos cuentos tradicionales y sueños, para abordar cuestiones de la vida tal como la conocemos o de la condición humana. No querría, si alguien llega a leer esta entrada, crearle expectativas tan grandes como para que el texto pueda decepcionarle... posiblemente Ende no se planteara la escritura de este libro en esos términos, pero diría que consigue que el lector piense en cosas de la mayor importancia y lo hace con elementos simbólicos de lo más sencillo, lo más indispensable del instrumental.

La edición que hemos leído es una traducción de Anton y Genoveva Dieterich publicada por Alfaguara y de ella destacamos, para empezar, este brillante fragmento, posiblemente la mejor explicación del capitalismo (como religión, claro) que hayamos leído nunca:
–¡El dinero lo puede todo! –gritó el predicador–, une a las personas a través del acto de dar y tomar, puede transformar todo en todo, espíritu en materia y materia en espíritu, convierte piedras en pan y crea valores de la nada, se autofecunda eternamente, ¡es todopoderoso, es la forma bajo la que dios está entre nosotros, es dios! Donde todos se enriquecen con todos, ¡se vuelven ricos todos al final! ¡Y donde todos se hacen ricos a costa de todos, nadie paga los gastos! ¡Milagro de milagros! Y si preguntáis, queridos creyentes, ¿de dónde viene toda esta riqueza? Yo os lo digo: ¡viene de su propio beneficio futuro! Su propio provecho futuro es lo que disfrutamos ahora. Cuanto más tengamos ahora, mayor será el beneficio futuro, y cuanto mayor sea el beneficio futuro, más tendremos ahora. De esta manera, somos nuestros propios acreedores y nuestros propios deudores para siempre, y nosotros nos perdonamos nuestras deudas, amén!

martes, 13 de mayo de 2014

El frente al que vamos a morir sin darle mayor importancia

No es la crisis económica, la falta de inversión en I + D, ni la fuga de cerebros. Aunque tenga que ver con eso, el meollo del asunto no está ahí. Algo se está tragando los mejores años de nuestra vida (eso nos dijeron que serían) y no son los recortes presupuestarios, ni la derecha.
Sintiéndolo mucho, ese desagüe traga y traga y seguirá haciéndolo aunque se acaben la crisis, los recortes y demás. Hay que ganarse la vida, he ahí el problema. Literalmente: nuestras vidas no son nuestras ni nosotr@s dign@s de ellas, vivimos en un sistema socioeconómico donde da igual que haya de sobra para tod@s porque el número de sillas es el que es y, cuando se pare la música, alguien tendrá que quedarse de pie hasta la próxima partida. O la siguiente. O hasta que en vez de la partida, sea la vida la que se le acabe, o lo haga su interés por semejante «vida».
La competencia y la angustia por ganarse la vida, por buscarse la vida en vez de vivir, componen el matadero al que entramos sin resistencia, sin siquiera una bandera blanca porque a esta guerra que declaró la economía a la vida ni se la menciona. Nos cuesta hasta usar la palabra «capitalismo»... va a ser cierto que «el mejor truco del Diablo fue convencer al mundo de que no existe».

Estudia una carrera o un ciclo formativo; después ¿por qué no otra carrera o ciclo? y después, ¿por qué no un máster? ¿El antiguo CAP? ¿Mejor unas oposiciones, para mayor estabilidad? No basta con ser buen@; buen@s, hay much@s, ¿eres el mejor? ¿De l@s mejores, al menos? Y prácticas, ¿has hecho prácticas? ¿Has hecho suficientes prácticas? ¿Lo bastante mal remuneradas? ¿Tanto que hayas tenido que repetirte «Es para hacer curriculum» como una letanía? Y el trabajo en sí, ¿cuánto has trabajado? Piensa en todo el tiempo que no lo hayas hecho: a menos que hayas estado estudiando algo productivo, serán «lagunas» en tu CV.
Piensa que todo el tiempo que sí lo hayas hecho es tiempo que no recuperarás jamás... ¿lo echarás de menos? Piensa en la gente mayor que tú que conoces, en la edad a la que se han jubilado –l@s que se han jubilado– y la edad a que han muerto, l@s que ya han muerto. ¿No echarás de menos todas esas horas si mueres a los 90? Y ¿a los 76? ¿A los 65, a los 59, a los 46? Todo lo que has hecho para «desconectar», para no pensar en esos trabajos (o esas prácticas, o esos estudios) que devoraban tu tiempo o, simplemente, para descansar de un cansancio que no habías deseado, ¿echarás de menos el tiempo consumido?

lunes, 21 de abril de 2014

Qué tengo yo que ver con Fredy Villanueva

Yo llegué a Montréal, la capital oficiosa del Canadá francófono, un 21 de agosto de 2008, once días después de que se produjeran los primeros disturbios graves en la historia de la aglomeración montrealesa. En concreto, habían sido en la periferia precaria y llena de población inmigrante de Montréal-Nord y lo que parecía haberlos desatado era la muerte a manos de la policía municipal (SPVM) de Fredy Villanueva, un chico de origen hondureño.

La mitología (neo)liberal quiere que todo suceda de manera inconexa y más o menos casual, mientras a la clase dirigente no le convenga sostener lo contrario, así que debe de ser casualidad que en Montréal-Nord se acumulara una masa de inmigrantes y refugiados superior al promedio de la isla, que sus habitantes tengan mayor tendencia a la precariedad laboral y el paro y que la tasa de delincuencia también supere la del entorno. En este goteo de coincidencias, tampoco requiere mayor explicación que Fredy Villanueva acabara llevándose dos tiros mortales porque sí.

Lo más inquietante del asunto es lo gratuito: imaginemos un grupo de jóvenes jugando a los dados (apostando con dinero) en un aparcamiento de Montréal-Nord. Como ese tipo de prácticas están prohibidas en la vía pública por aquellos lares, imaginemos a una patrulla del SPVM bajándose del coche para acabar con la infracción. La piedra ya está rodando; sigamos imaginando: la situación se convierte en una discusión, uno de los jóvenes (Dany Villanueva, hermano mayor de Fredy) se acerca a los agentes en una actitud que est@s consideran agresiva, de modo que cada uno le agarra de un brazo y lo llevan hasta su coche patrulla, donde lo inmovilizan contra el capó. Imaginemos que Dany había sido miembro de una pandilla callejera, que asegura haber abandonado antes de la muerte de su hermano, después de una estancia en prisión, y que tenía antecedentes por hurtos y que, de hecho, ya conocía al agente Lapointe –que luego abrirá fuego– porque este, según él, le había sorprendido en infracción de tráfico un año de antes y le había ofrecido ahorrarse la multa a cambio de ser confidente policial y, puestos a imaginar, que un testigo aseguraba que el agente Lapointe le había preguntado «desde cuándo los latinos y los negros hacen piña», entre otras provocaciones.
Ya puestos, imaginemos que toda la situación se violenta: Dany se revuelve en la presa, consigue zafarse de la compañera de Lapointe, este le derriba, le placa y, según Villanueva, le dificulta la respiración. Imaginemos, pues, que Dany empieza a revolverse con menos facilidad y más desesperación, que sus compañeros empiezan a estrechar el cerco en torno a Lapointe y este, al notarlo, se considera en serio peligro. Las versiones difieren: ni l@s otr@s chic@s, ni la investigación oficial posterior consideran que Lapointe llegara a ser estrechamente rodeado, mucho menos que se le abalanzaran encima (su compañera de patrulla dijo que en ningún momento había sentido su vida amenazada). Tampoco es que eso cambie ya algo, la piedra ya es una avalancha: el agente Jean-Loup Lapointe, ex-militar, efectúa cuatro disparos, de los que dos matan a Fredy Villanueva, de 18 años, al impactarle en el torso y otros dos (uno de los cuales también ha atravesado un antebrazo de Fredy) hieren a otros dos chicos en la espalda y un hombro, respectivamente.


Dada la gravedad del asunto y de los disturbios del día siguiente, se llevó a cabo una investigación oficial, más allá de la policía, que es la que ha permitido ver qué hay de contrastado y qué de dudoso en las diferentes versiones sobre los hechos... pero nada de eso cambia un muerto de 18 años y dos heridos de bala por apostar dinero a los dados.
Más aún: la familia Villanueva había llegado a Canadá en 1998 huyendo de las amenazas que pesaban sobre los padres de Dany y Fredy por un litigio sobre tierras. Las andanzas pandilleras de Dany supusieron que se le rechazara el status de refugiado en 2006 y la CBSA o ASFC, la Agencia de Servicios Fronterizos de Canadá (que repatrió a la fuerza al autor de estas líneas en octubre de 2008), solicitó que se le expulsara del país, como volvieron a solicitarlo en 2007 (sin éxito) y 2009, solicitud que llevó a que se le expulsara en 2011, muy oportunamente, pues Dany iba a testificar ante la comisión que investigaba la muerte de su hermano y no pudo, por ello, hacerlo.
El retorno de Dany a Honduras, dadas las amenazas que pesaban sobre la familia Villanueva, supuso que dos de sus primos, Daniel José Madrid y Gustavo Madrid, posiblemente confundidos con Dany, fueran objeto de intentos de asesinato en el país centroamericano en aquel otoño de 2011; el uno habría muerto y el otro habría resultado herido de gravedad. El agente Lapointe, por su parte, nunca ha sido acusado de ningún delito, por lo que ha seguido y sigue en el SPVM; de hecho, según una periodista de la Montreal Gazette, ahora estaría destinado en el Grupo táctico de intervención, lo que en el SPVM sería el equivalente de las unidades SWAT, GEO, etc. de otras policías.

miércoles, 2 de abril de 2014

El especismo explicado en 54 palabras

«Especismo» es defender que los animales de otras especies, aunque los ojos nos digan que son nuestros semejantes, aunque nos lo digan los análisis comparados de ADN, su sistema nervioso y cualquier comparación, deben tener la misma consideración ética y jurídica que un vegetal e incluso la misma que una piedra o un mueble.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Saber morir: últimas cartas antes de ser fusilado


Quizá el mayor reto en la vida sea saber vivir y, para ello, probablemente haga falta saber morir. Del libro La vie à en mourir. Lettres de fusillés (que también se publicó en traducción al castellano: Vivir a muerte. Las últimas cartas de los fusilados en los campos de concentración) me han impresionado muchas cosas, pero una por encima de todo. Me refiero a la serenidad lúcida con que muchos parecen afrontar su muerte y, en concreto, los casos de Fernand Zalkinow, que lo hizo a los 18 años, y Marcel Rayman, a los 20. El caso de Marcel Rayman es aún más chocante, ya que el joven, confrontado a la muerte, desborda vitalidad.
La traducción de Dánae Barral Hortet publicada por la editorial Barril Barral, dicho sea con el debido respeto y la debida humildad, no me convence, como tampoco otras decisiones editoriales –un subtítulo absurdo, pues muchos de ellos nunca fueron a campos de concentración, erratas de la edición original no corregidas, etc.–, por lo que me permito traducir a mi manera tanto el fragmento de Zalkinow, como la carta de Rayman y las reseñas biográficas, un tanto resumidas.

«Me parece que todo ha sido alegre en mi infancia, junto a vosotros. Habría estado muy bien vivir, amar. Me parece que nunca he sido tan joven como en este momento. Hoy hace sol y estoy muy contento.

(…)

Quizá toda la vida haya sido sólo un sueño. Nunca creí que la muerte fuera para Mí. Los demás podían morir, ¡yo, no! Y creo que aún no lo creo, tal vez es por eso por lo que soy tan valiente.

Los compañeros y yo no hemos sido cobardes. Lo que pasa es que es muy difícil, quienes no han pasado por esto no pueden saberlo. Sí que somos niños, unos y otros; nunca hemos pretendido ser héroes, no hay que pedirnos demasiado.

Hemos pedido como última gracia morir juntos; si nos la conceden, ya será mucho más fácil, somos capaces de morir sonriendo.»



Fernand Zalkinow (1923-1942), en la carta a su hermana mayor.

Peletero después de haber sido administrativo, militó en las Juventudes Comunistas desde el verano de 1940, en los Batallones de la Juventud (verano del 41) y fue miembro del comando que mató al aspirante de marina Alfons Moser en Barbès (París) y del que atacó a un suboficial alemán en el bulevar de Strasbourg, entre otras acciones. Fue detenido el 31-X-41 y fusilado el 9-III-42 con otros seis jóvenes resistentes. Su padre, Nojm, fue fusilado cinco meses más tarde y el resto de la familia, deportados a Auschwitz y Sobibor y gaseados.






«Mi querido Simon,



Cuento contigo para hacer por mí todo lo que yo no puedo hacer. Te mando un abrazo, te adoro, estoy contento, vive feliz, haz feliz a Mamá como habría querido hacerlo yo si hubiera vivido. Viva la vida hermosa y alegre, que todos tendréis. Avisa a mis amigos y camaradas de que les quiero a todos. No hagas caso si esta carta es alocada, es que no puedo quedarme serio.



Marcel»



Marcel Rayman (1923-1944), carta a su hermano Simon (1928-¿?).

Llegó de Polonia con sus padres en 1930, trabajó como tejedor y se unió a la MOI,  después a la Unión de la Juventud Judía y, en fin, a los FTP-MOI, hasta convertirse en responsable militar del Equipo Especial en el verano de 1943, una de cuyas acciones fue la ejecución del SS-Standartenführer Julius Ritter (28-IX-43). Figura en el famoso cartel rojo con la inscripción «13 atentados» y fue uno de los 22 fusilados en el monte Valérien el 21-II-44.

jueves, 6 de marzo de 2014

Informe de la guerra social en el estado español (6-III-14)

· Los sectores institucionalistas empiezan a tomar posiciones para las elecciones al parlamento europeo de mayo. El PP ha sido desbordado por la derecha (Vox) e IU, desestabilizada por Podemos, una candidatura mediática, más dirigida a l@s jóvenes y que intenta lanzar un populismo de izquierdas; pese a no tener proyección postelectoral, esta lista electoral podría tanto hacerle la competencia a IU como fusionarse con ella.

· L@s oprimid@s también empezamos a recuperar posiciones: por un lado, las luchas ya activas persisten y algunas cobran fuerza (véase la larguísima huelga en Panrico o la lucha contra la carestía del transporte público en Barcelona). Por otro, el patrimonio de lucha acumulado da frutos: l@s vecin@s del barrio burgalés de Gamonal -que los mayores de 25 recordamos por la lucha en torno al aparcamiento de la calle Eladio Perlado- han vuelto a dar una lección de unidad y coraje a las autoridades y el SAT, por su parte, ha aglutinado a su alrededor a muchos otros grupos para echar un gran pulso a las autoridades, con columnas de todo el estado que convergerán en Madrid sin intención de retirarse hasta conseguir sus objetivos.

· Al otro lado de la barricada, los elementos más lúcidos del sistema (véanse un par de ejemplos aquí o aquí) toman nota de la rabia que se va apoderando de la clase oprimida y del riesgo que esto implica para el estado de cosas que defienden, mientras otros intentan evitar que esto siente precedente. El tiempo dirá si son realmente capaces de impulsar el cambio de rumbo que quieren; el ejemplo de Ucrania quizá sea el más claro reflejo de sus temores: un malestar social que, sin ningún programa política en especial, degenera en caos y en la toma de las calles por una masa políticamente multiforme e incluso enfrentada.

lunes, 24 de febrero de 2014

Los puños en alto no salen en la foto

Albert Einstein, Duke Ellington, Dizzy Gillespie, Jack London, Benito Pérez-Galdós, Érik Satie, George Bernard Shaw, Oscar Wilde... ¿por qué cuesta tan poco hablar de ellos y tanto reconocer que eran socialistas? Libertarios o autoritarios, militantes o simpatizantes, todos lo fueron... y, quizá parezca ingenuo, pero no deja de sorprenderme que rara vez se diga.